4 de junio de 2026
¿CAMBIO DE GESTION?
Dos empresas apuntan a operar la PIAP con una inversión de US$120 millones
La histórica Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), ubicada en Arroyito, podría volver a ponerse en marcha tras casi una década de inactividad. Las empresas Saesa y Spark presentaron ante el Estado nacional una iniciativa privada para modernizar y reactivar el complejo y un cronograma de ejecución de tres años

La propuesta apunta a recuperar uno de los activos industriales más importantes vinculados al sector nuclear argentino. La PIAP, propiedad de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), es considerada la planta de producción de agua más grande del mundo y la única de su tipo en el hemisferio sur.
El proyecto contempla la modernización de las instalaciones y la posibilidad de poner en funcionamiento de manera anticipada una de las líneas productivas mientras avanzan las obras generales. La iniciativa fue presentada formalmente a mediados de mayo y ahora deberá ser evaluada por los equipos técnicos de la CNEA.
La apuesta busca aprovechar las ventajas energéticas de Neuquén para transformar gas natural y electricidad en un producto de alto valor agregado con demanda internacional. El agua pesada es un insumo indispensable para el funcionamiento de las centrales nucleares argentinas que operan con uranio natural, pero también tiene aplicaciones crecientes en sectores vinculados a la salud, la biotecnología, la industria farmacéutica y la fabricación de componentes tecnológicos avanzados.
Desde las empresas impulsoras aseguran que existe un escenario favorable por la demanda global del producto y por la escasez de oferta disponible en distintos mercados. Incluso señalaron que ya existen acuerdos preliminares con potenciales compradores internacionales interesados en garantizar futuros suministros.
La iniciativa prevé que la planta continúe siendo propiedad del Estado nacional. En caso de avanzar, la operación se realizaría bajo un esquema de concesión que requerirá un proceso licitatorio abierto para seleccionar al operador del complejo.
La reactivación de la PIAP aparece además como una oportunidad para diversificar la matriz industrial de Neuquén más allá de la producción de hidrocarburos. El proyecto busca posicionar a la provincia no sólo como proveedora de energía, sino también como generadora de productos industriales estratégicos destinados tanto al mercado interno como a la exportación.
Inaugurada en 1993, la planta dejó de registrar producción comercial sostenida en 2017. Su eventual regreso a la actividad podría devolver protagonismo a una infraestructura considerada clave para el desarrollo nuclear argentino y para la inserción del país en mercados tecnológicos de alto valor agregado.