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Argentina
12 de abril de 2012
INTERNA JUSTICIALISTA

No quieren resignar espacio

Los discípulos de Soria no asimilan la pérdida de su líder y se niegan a ceder terreno ante un Gobernador que no es peronista, pero que cuenta con el respaldo del senador Pichetto. Marcadas divisiones

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La desaparición física del hombre que llevó nuevamente al peronismo rionegrino a ocupar el máximo poder en la provincia
-tras 28 años ininterrumpidos de gobierno radical- dejó boyando a las autoridades, que a tres meses de haber asumido la conducción del Ejecutivo, aún no lograron hacer pie. En principio, el objetivo se traduce en consolidar la gobernabilidad necesaria para poder encaminar los planes de gestión que tenía su líder desaparecido. Pero las internas sectoriales dentro de la dirigencia dividen las aguas, y los discípulos soristas dan claras muestras de no estar dispuestos a ceder terreno en favor de un ungido Gobernador, que por más que jure lealtad al justicialismo y reciba el apoyo del presidente del Partido Justicialista, no profesa su misma ideología política.

¿Le marcaron la cancha?

Durante el último tiempo, dirigentes, autoridades, y hasta el propio gobernador Alberto Weretilenck no hicieron más que minimizar las disputas internas que exhibe el Partido Justicialista, y entorpecen la consolidación de la gestión necesaria para poder iniciar la transformación que Carlos Soria pretendía para los rionegrinos.

Pero días atrás, a vista de todos quedó de manifiesto la sectorialización que hoy invade al justicialismo con las declaraciones realizadas por el dirigente de pura cepa sorista y el vicegobernador Carlos Peralta, ante la posibilidad de eventuales cambios en el Gabinete en claro dominio del sector del extinto mandatario provincial.

Peralta, más allá de aclarar y minimizar sus dichos, inconscientemente le marcó la cancha al titular del Ejecutivo. Al respecto señaló: “Si hay desajuste, hay un Ministerio que está fallando, hay que sentarse con el Ministro y marcarle el camino. Si no tiene capacidad de resolverlo, y hay que cambiar algún funcionario, se tiene que hacer de común acuerdo con el justicialismo. No puede tomarse ninguna decisión en forma unilateral”.

Las afirmaciones del Vice no pasaron inadvertidas y levantaron polvareda, a punto tal que Weretilenck abandonó, si se quiere, su postura conciliadora y sin tapujos respondió a los dichos de Peralta diciendo: “A nadie le quepa la menor duda, el referente del justicialismo para relacionarme es Pichetto”. Y seguido a ello, como habitualmente ocurre, el presidente del PJ y senador nacional Miguel Angel Pichetto salió a respaldar al mandatario. “Weretilneck tiene todo el respaldo del justicialismo rionegrino para ejercer su tarea con toda la autoridad y atribuciones que le marca la Constitución provincial, y su autoridad política no tiene ningún tipo de limitaciones”, señaló por medio de un comunicado, desacreditando la visión del Vice.

Ante este escenario político, no cabe duda de que la unidad justicialista -tarea encarnada en el legislador nacional- es una mera apariencia. Dichos y hechos de diferentes dirigentes y referentes reflejan las banderías que componen al partido, donde el sector sorista no quiere perder espacios.

El sector duro

Los comentarios que surgen en los pasillos gubernamentales y también en los cafés que suelen frecuentar los dirigentes en Viedma afirman que la división entre soristas y pichettitas sería un hecho.

En la Legislatura, por ejemplo, luego de las declaraciones de Peralta, los 30 diputados que integran la bancada oficialista
-luego de un acalorado debate- expresaron por medio de un comunicado de prensa su apoyo a la fórmula gobernante. Pero trascendió que en el bloque del Frente para la Victoria no todo es color de rosa, sino todo lo contrario, dicen que las diferencias sectoriales ya están instaladas.

Lo cierto es que la muerte del ex gobernador Carlos Soria definitivamente fue un golpe bajo tanto para el peronismo como para el gobierno provincial, pero en especial para los herederos del extinto líder, quienes, al parecer, bregan por defender la “ideología” sorista a la hora de gobernar.

Mientras Weretilneck y el propio Pichetto muestran la intención de un manejo de poder más moderado, desde el sector del ex mandatario pugnan por imponer la impronta sorista desplegando una conducción más dura.

Pero ¿cuál es el propósito de esta última fracción? ¿Se trata solamente de defender su postura respecto de la visión que tienen de lo que significa gobernar? ¿O es una pantalla para ocultar la pretensión de no ceder espacios de poder? Evidentemente, y por más que se diga lo contrario, en el fondo hay una lucha de liderazgos, que al parecer, también se extiende al propio sector.

Tras las declaraciones del Vice no faltaron quienes expresaron que Peralta tenía intenciones de posicionarse de cara a 2015. Incluso hubo trascendidos de una disputa interna entre referentes de la fracción liderada por el fallecido gobernador -entre Peralta y Martín Soria- por obtener el liderazgo del sector.

La cuestión es que a poco más de 100 días de estar al frente del Ejecutivo, los fantasmas del pasado, donde la sectorización hizo que el peronismo se viera relegado del poder provincial durante casi 30 años, vuelven a sobrevolar al
partido. Saben que deben trabajar juntos para que la gestión salga airosa de cara al futuro, pero el sorismo ¿desató una lucha de poder?, ¿existe el temor de perder posiciones?

La nota completa en el Revista La Tecla Patagonia número 84

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