El Gobernador tuvo buenas y malas, tanto en su relación con Nación como con la gente. El anuncio del Plan Castello, el vínculo con Macri y los retrocesos y avances con la central nuclear marcaron la agenda
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El balance de fin de año deja un sabor amargo al gobernador Alberto Weretilneck. Si bien no fueron todas malas para el mandatario provincial, en el racconto final de hechos, la balanza se inclina para el lado de la derrota. En un principio, anunció con bombos y platillos un descomunal y ambicioso plan de obra pública llamado Plan Castello, que dependía tanto de un eficaz financiamiento como de una planificación institucional acorde. Ni una ni otra llegaron a tiempo.
El otro lunar en la administración de Weretilneck fue la iniciativa de instalar una central nuclear en la Provincia, proyecto de Nación, pero que el Gobernador abrazó desde un primer momento. Cuando el clamor popular se manifestó en contra, rápido de reflejos, timoneó el barco e impulsó un proyecto antinuclear que fue sancionado casi de manera instantánea. Esto generó rispideces con Macri, que se subsanaron con el apoyo de Provincia al Pacto Fiscal. Idas y vueltas.