11 de noviembre de 2010
SALTO ANDERSEN
Una usina de sospechas
En 1994 se anunció la construcción de la central hidroeléctrica. Pero luego llegaron las sospechas en las licitaciones. La obra, que en principio estaba presupuestada en $ 22 millones, terminará costando cerca de $ 127 millones
La eternamente inconclusa central hidroeléctrica de Salto Andersen tiene una larga historia de promesas incumplidas. Los objetivos que anunció el gobierno de Río Negro cuando proyectó su construcción en el dique del Río Clorado apuntaban a asegurar el abastecimiento eléctrico local y la provisión de agua a gran parte de La Pampa. Pero con los años se sucedieron la rescisión de una licitación, la no concreción de otra y la adjudicación a una empresa mediante una operación que generó una usina de rumores.
No solo porque la firma que actualmente está llevando a cabo la obra (Isolux Corsán) arrastra dos años de demora, sino porque como oferente dobló el monto presupuestado por el gobierno (que de $ 22,5 millones pasó a $ 51 millones).
La otra gran sorpresa llegó este año cuando el gobierno pidió a la Legislatura autorización para obtener un crédito de
$ 54 millones para concluir la obra. Y tras cartón, las declaraciones del superintendente del departamento provincial de Aguas, Horacio Collado, quien dijo que el costo final será de unos $ 127 millones.
Lógicamente, surgieron dudas que hoy son investigadas por la Justicia. También inquieta a los rionegrinos la utilidad de la obra y la conveniencia de semejante inversión en los términos costo - beneficio.
Las concesiones fallidas
La obra lleva 16 años de demoras, anuncios, licitaciones y proyecciones. En 1994, el gobierno de Horacio Massaccesi tomó la decisión política de llevarla a cabo. Para ello convocó a una licitación por un monto de $ 7 millones que, en ese momento, equivalían a U$S 7 millones, y la empresa New World Power -asociada en el país con la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza y la consultora de ingeniería Proinsa- ganó la compulsa. Pero los trabajos marchaban a paso de tortuga y el gobierno le rescindió el contrato.
La provincia ya había comprado los materiales para la conexión, y gran parte de éstos fueron llevados a Río Colorado, acopiados y transferidos a la Cooperativa de Electricidad de esa localidad, que se terminó convirtiendo en depositaria. La otra parte de los materiales navegan hoy en un mar de dudas. Algunas especulaciones indican que se utilizaron para otras obras, e incluso existen sospechas de que fueron cedidos a una compañía privada.
Cuatro años después del fracaso, surgió una nueva esperanza. En 1998, una empresa, Albanesi SA, se mostró interesada en retomar la obra y le propuso al gobierno llevar adelante el proyecto con algunas modificaciones “superadoras”. Ya habían firmado una carta de intención pero, sorpresivamente, la empresa desistió.
Unos años después, en 2005 y con Miguel Saiz en la Gobernación, la provincia retomó la voluntad de continuar y llamó a licitación con un presupuesto que esta vez era de $ 22,5 millones. En febrero de 2006, contrató a la empresa Isolux Corsán y con el tiempo surgió otra llamativa sorpresa: se supo que Massaccesi era nada menos que uno de los directores de Isolux Corsán Argentina SA, firma que por supuesto tiene vínculos con su homónima española.
La licitación tampoco estuvo exenta de cuestionamientos. Es que de las tres empresas que habían comprado los pliegos, solo se presentó Isolux Corsán. Cartellone e Impsa de Pescarmonas consideraron que el presupuesto no era suficiente. Isolux Corsán entendió lo mismo, pero se presentó y propuso una cifra de $ 41 millones más IVA, o $ 51 millones con IVA incluido. Al ser la única oferente, simplemente ganó.
La subestimación de los costos era una razón legal suficiente para anular la licitación. Pero la adjudicación siguió su curso y con el avance de las obras llegaron las sospechas de irregularidades en la asignación de fondos.
Sospechas de sobreprecios
Si aquel monto les parecía excesivo a los legisladores y funcionarios de los organismos de control, ahora con la información que trascendió en el último tiempo, quedaron cuanto menos desorientados (y, por supuesto, llenos de dudas).
Es que cuando se convocó a licitación, el gobierno anunció que el dinero que se adjudicaría con la obra, en este caso $ 51 millones, comprendía la elaboración del proyecto ejecutivo, la ingeniería, provisión y construcción de todas las obras civiles y electromecánicas, los ensayos y puesta en servicio industrial, e incluso la atención de las obligaciones durante el período de garantía.
Pero ahora, el Ejecutivo envió un pedido de autorización a la Legislatura para obtener un préstamo de $ 54 millones para concluir la obra y puso como garantía tanto la energía que genere Salto Andersen como las regalías hidroeléctricas que percibe Río Negro. Según trascendió en tal sentido, el financiamiento sería con Nación Fideicomiso y tendría un plazo de 8 años, más uno de gracia, con una tasa que rondaría el 15%.
Hasta el momento, la información que manejan los legisladores es que la usina demandaría por un lado, los $ 51 millones del contrato que son aportados por el Fondo Fiduciario Federal de Infraestructura Regional creado por ley 24.855 y que controla el Ministerio de Julio De Vido. Y por otra parte, unos $ 8 millones que debía aportar la provincia para solventar la línea de conexión (de $ 3,9 millones), y otros trabajos complementarios (unos $ 4 millones). Lo que totalizaba, para los cálculos más simples, unos $ 59 millones. Pero nadie entendía el destino de los otros $ 54 millones.
Otro de los puntos sobre el que se desayunaron los legisladores fue la aparición de una segunda firma, Nodos Eléctricos SA, que asumió la construcción de toda la obra civil necesaria para la central hidroeléctrica de Salto Andersen, por un presupuesto de $ 11.248.897,64 más IVA. Cosa que también causó sorpresa debido a que los anuncios que se hicieron cuando se convocó a la licitación incluían todas las obras civiles.
La negativa de los legisladores a conceder el permiso para obtener el crédito obligó a Collado a dar precisiones, pero terminó sembrando más dudas. Dijo que la central tiene un costo de $ 127 millones y que para concluirla se necesitarán cuatro obras (de las cuales solo está en ejecución la que realiza Isolux Corsán).
Ante esta realidad, podría decirse que estamos demasiado lejos de que en Río Negro se haga la luz.
Nota completa en la revista Nº 15 de La Tecla Patagonia