La búsqueda de un diagnóstico más temprano y menos invasivo para el Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas dio un paso concreto en la Argentina.
En el centro Fleni, de Buenos Aires, ya se utiliza un equipo que analiza biomarcadores neurológicos en plasma a partir de una muestra de sangre periférica.El sistema, llamado MESO QuickPlex Q 60MM, cuantifica proteínas asociadas al daño neuronal y a procesos patológicos específicos. Entre los marcadores más relevantes se encuentran el neurofilamento de cadena liviana (NfL) y la proteína TAU fosforilada en treonina 217 (p-Tau217). Su combinación ofrece información válida sobre neurodegeneración y acumulación de beta-amiloide, dos rasgos característicos de la enfermedad de Alzheimer.
En el caso de la esclerosis múltiple, el neurofilamento resulta útil para monitorear la evolución y evaluar la respuesta al tratamiento. También se aplica en esclerosis lateral amiotrófica (ELA).El procedimiento es sencillo: el paciente se somete a una extracción de sangre habitual, previa a ocho horas de ayuno.
En el laboratorio se separa el plasma y el equipo mide la concentración de las proteínas mediante un sistema de detección luminosa. El resultado indica si los niveles son normales, intermedios o elevados, y siempre se interpreta junto con la clínica, las imágenes y la historia del paciente.
Los especialistas enfatizan que el estudio no está recomendado para personas sanas o asintomáticas. Su uso está dirigido a quienes ya presentan algún trastorno cognitivo, como herramienta de tamizaje inicial y apoyo diagnóstico.
Hasta hace poco, la certeza diagnóstica del Alzheimer solo se obtenía post mortem o mediante métodos invasivos como la punción lumbar (para analizar líquido cefalorraquídeo) o estudios de tomografía por emisión de positrones (PET).
El análisis de sangre reduce barreras de acceso y mejora la tolerancia de los pacientes, especialmente aquellos con deterioro cognitivo leve.Además de su valor asistencial, la tecnología aporta datos cuantitativos para ensayos clínicos y para seguir la respuesta a tratamientos.
En un contexto en el que la demencia afecta a unos 50 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud, y se proyecta triplicar esa cifra hacia 2050, contar con herramientas más accesibles y tempranas representa un avance significativo para orientar decisiones clínicas antes de que el daño sea irreversible.