6 de julio de 2026
ENERGIA
Vaca Muerta y el desafío de sostener su expansión con un petróleo más barato
El retroceso del Brent hasta la zona de los US$72 y las proyecciones que anticipan una posible caída hacia los US$60 reabren el análisis sobre el impacto que tendría un escenario de precios más bajos en la principal formación no convencional del país

La fuerte corrección que experimentó el precio internacional del petróleo durante las últimas semanas volvió a instalar interrogantes sobre las perspectivas de Vaca Muerta. El barril de Brent, referencia para la Argentina, cotiza actualmente en torno a los US$72, luego de retroceder más de un 20% en el último mes como consecuencia de una mayor oferta global y de una demanda que evolucionó por debajo de las expectativas del mercado.
En ese contexto, un informe de Citigroup proyectó que el Brent podría ubicarse entre US$60 y US$65 hacia fines de 2026. El banco atribuye ese escenario a la normalización del tránsito marítimo por el Estrecho de Ormuz tras la desescalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán, al incremento de la producción impulsado por la OPEP+ y otros países productores, y a un proceso de reconstrucción de inventarios que podría derivar en un excedente de oferta durante los próximos años.
Frente a esa perspectiva, Vaca Muerta mantiene una ventaja competitiva frente a otras cuencas no convencionales del mundo. Diversos estudios ubican el punto de equilibrio de los proyectos de shale oil entre los US$35 y los US$49 por barril, con un promedio cercano a los US$45 para los desarrollos más representativos. Ese nivel de costos permite que la actividad continúe siendo rentable incluso bajo un escenario de precios considerablemente inferiores a los actuales.
Sin embargo, un Brent en torno a los US$60 modificaría las condiciones económicas de los nuevos proyectos. Si bien las operaciones seguirían generando resultados positivos, los márgenes de rentabilidad serían menores y las compañías contarían con menos recursos disponibles para financiar nuevas perforaciones, ampliar desarrollos o acelerar inversiones en infraestructura.
Uno de los efectos esperados sería una mayor selectividad en la asignación de capital. Las operadoras tenderían a concentrar las inversiones en las áreas de mayor productividad y mejores rendimientos, mientras que proyectos exploratorios, pilotos o desarrollos con menores perspectivas económicas podrían postergarse hasta contar con un escenario de precios más favorable.
Ese cambio también podría reflejarse en el ritmo de perforación. La producción continuaría creciendo gracias a los proyectos ya en marcha y a la elevada productividad alcanzada por la formación neuquina, aunque la expansión podría desarrollarse a una velocidad inferior a la prevista originalmente. En consecuencia, algunos objetivos de largo plazo, como el incremento sostenido de la producción de petróleo destinada a exportación, dependerían de la evolución futura del mercado internacional.
Otro aspecto directamente vinculado al precio del crudo es el ingreso de divisas. Aunque los volúmenes exportados mantuvieran una trayectoria ascendente, un menor valor del Brent reduciría el monto total generado por las ventas externas. La caída del precio internacional impactaría tanto en los ingresos de las empresas como en las regalías que perciben las provincias productoras y en la recaudación asociada a la actividad.
La desaceleración de las inversiones también tendría efectos sobre la cadena de valor vinculada al desarrollo de Vaca Muerta. Un menor nivel de perforación podría traducirse en una demanda más moderada de equipos, servicios especiales, transporte, logística y obras de infraestructura, además de condicionar el cronograma de algunos proyectos estratégicos asociados a la evacuación y exportación de hidrocarburos.
No obstante, la industria llega a este escenario con una estructura de costos significativamente más eficiente que años atrás. La incorporación de nuevas tecnologías, la mejora en los procesos de perforación y completación de pozos, junto con las economías de escala alcanzadas en los principales bloques, permitieron reducir los costos de desarrollo y mejorar la productividad de cada pozo perforado.
En ese marco, aun si el Brent descendiera hacia el rango proyectado por Citigroup, Vaca Muerta seguiría ubicándose entre los desarrollos no convencionales más competitivos a nivel internacional. El desafío pasaría por sostener el crecimiento de la actividad en un contexto de menores márgenes, priorizando los proyectos de mayor rendimiento económico y manteniendo el foco en la eficiencia operativa.