Apps
Lunes, 8 junio 2026
Argentina
8 de junio de 2026
ENTREVISTA

El padre del Dibu Martínez: "El sacrificio lleva a la gloria"

Alberto "Beto" Martínez en dialogó con La Tecla repasó el camino de su hijo desde los potreros de Mar del Plata hasta la gloria mundial. El esfuerzo, las dudas y la ilusión intacta de ir por la cuarta estrella.

El padre del Dibu Martínez: El padre del Dibu Martínez: El padre del Dibu Martínez: El padre del Dibu Martínez: El padre del Dibu Martínez: El padre del Dibu Martínez:
Compartir

De cara a una nueva Copa del Mundo, que se disputará en México, Canadá y Estados Unidos, y con la Selección Argentina en busca de defender el título conquistado en Catar 2022, la ilusión vuelve a renovarse. Entre los nombres que integran el plantel albiceleste aparece nuevamente el del marplatense Emiliano “Dibu” Martínez, uno de los grandes protagonistas de la histórica consagración.

 
En ese contexto, La Tecla dialogó con Alberto “Beto” Martínez, padre del arquero campeón del mundo. En la entrevista repasó los inicios del “Dibu” en Mar del Plata, el camino que recorrió hasta alcanzar la gloria con la Selección, cómo vivió cada etapa de su carrera y el presente del arquero.

 
-La Tecla: Cuando ves hoy brillar al Dibu ante los ojos del mundo, ¿qué imagen se te viene a la mente de sus primeros picados acá en Mar del Plata? ¿En qué momento dijiste "este pibe tiene algo distinto"? 
 



-Te podés imaginar que esos recuerdos siempre los tenés presentes. Yo, en realidad, los muestro en todos lados porque ahora, por ejemplo, en la película también aparecen los sentimientos de cuando él jugaba en una plaza o cuando salíamos. Estamos hablando del barrio Jardín, donde caminábamos por todos lados.

Son recuerdos muy lindos. De esa plaza salieron un montón de chicos que después fueron a Buenos Aires. Y bueno, Emi tuvo la suerte de quedar.

-¿Qué recuerdos te quedan de esas épocas de llevarlo a entrenar? 

 
-Les poníamos bolsitas de arena para que los chicos corrieran e hicieran fuerza. También colgábamos una pelota de un árbol para que saltaran a cabecear. Armábamos los arcos con bolsos y ahí se jugaban picaditos todos los días, que duraban dos horas.
 



Por eso te digo que lo conté en la película: el día que (Lionel) Scaloni puso a mi hijo como arquero titular, se me cayeron las lágrimas. Me fui a la plaza a tomar mate y ahí se me vinieron un montón de imágenes a la cabeza.
 

Todavía está el mismo árbol donde colgábamos la pelota, todavía sigue ahí. Está en esa placita y son recuerdos muy lindos. La verdad es que son recuerdos muy lindos.

 
-¿Qué más recordás del día en que te enteraste de que el Dibu había sido convocado a la Selección mayor? 

 
-Emi estuvo en la Sub-15, en la Sub-17 y también integró la Selección mayor. Pero cuando realmente lo llaman a la Selección, yo estaba en mi casa y él estaba acá con su hermano, que había venido de vacaciones.



 
Cuando recibió el llamado, fue una alegría enorme. Como papá, y él como profesional, sentís que tocás el cielo con las manos. Después hay que seguir trabajando y avanzando, pero ese momento siempre es muy lindo. Son alegrías que no te las podés olvidar nunca.

 
-El Dibu se fue de Mar del Plata siendo muy chico a Independiente. ¿Cómo vivieron como familia esos años de distancia, sacrificios y esfuerzos económicos para poder acompañarlo en sus primeros pasos en el fútbol? 

 
-Emi se fue a los 11 años y medio. Y sí, el viaje era de 400 kilómetros, así que no se podía ir todos los días. A veces íbamos cuando jugaba de local, porque cuando le tocaba de visitante, en Rosario, San Juan o cualquier otro lugar, no teníamos posibilidades de viajar. Así que lo veíamos cada 15 días.

Fue duro porque, muchas veces, tenía que pedirles plata a mis amigos para poder viajar. Pero, ¿viste cómo es esto? El sacrificio lleva a la gloria. Y hoy en día, gracias a Dios, está en la gloria.

 

-Cuando el Dibu armó las valijas para irse al Arsenal siendo apenas un adolescente, ¿cómo fue para vos, como padre, tomar la decisión de dejarlo partir tan lejos de casa? 
 

-Fue una charla familiar entre cuatro. Había quienes estaban de acuerdo y quienes no con dejarlo ir. Pero al final decidimos hacerlo, porque él estaba muy entusiasmado y no le íbamos a cortar la carrera.

Así que resolvimos que fuera y probara, aunque fuera por uno o dos años. Después pasó lo que pasó. Se enamoraron de Emi. Primero, el Arsenal se enamoró de la familia, porque averiguaron quién era el padre, quién era la madre y quién era el hermano. Después compraron al jugador.

En esos años, hasta que terminó de explotar futbolísticamente, Emiliano fue suplente durante mucho tiempo y pasó por distintos clubes.

 

-Emi pasó muchos años siendo suplente o yendo a préstamo a clubes del ascenso inglés. En esas charlas telefónicas de mate por medio a la distancia, ¿qué le decías para que no bajara los brazos?

 
-Sí, Emi pasó un momento difícil cuando estuvo en el Getafe. Fue a atajar ahí, en España, pero al final no se le dio porque el club se terminó inclinando por (Vicente) Guaita, el otro arquero, que venía de una temporada complicada.

Emi se desilusionó mucho. Incluso llegó a pensar en hacer las valijas y volver a casa. Pero siempre tuvo el apoyo de la familia y también de su novia, Mandinha, que estaba con él allá.

Entonces decidió quedarse un tiempo más. Y, gracias a Dios, después se le dio en el Aston Villa. 

Pero fueron años muy duros: estuvo nueve años yendo de préstamo en préstamo, entrenando todos los días y muchas veces ocupando un lugar en el banco de suplentes. Hay que aguantar una situación así. Fueron nueve años de mucho sacrificio.

 
-La Copa América 2021 cambió todo. ¿Qué sentiste al ver el nivel que mostró tu hijo y todo lo que generó en el país con sus actuaciones y con la obtención de la copa?
 

-Yo soy muy especial. Veo los partidos solo en casa, igual que mi hijo; los disfruto a mi manera. Estaba solo cuando terminó el partido y, más que nada, sentí una alegría enorme. A los diez minutos de haber terminado la final, había unas 90 personas afuera de casa: vecinos y gente del barrio que gritaban y festejaban.
 

Fue una alegría inmensa porque sentí que él había llegado. Mi mayor miedo había sido el primer partido contra Chile, cuando a Emi le tocó ser titular. Como papá, no quería que cometiera ningún error ni que le pasara algo parecido a lo que les ocurrió a otros jugadores que fueron muy cuestionados, como el Pipita Higuaín o  (Ángel) Di María.


Pero, gracias a Dios, fue creciendo partido tras partido. Hoy la gente está enamorada de Emi y te podés imaginar cuánto lo quieren en el arco de la Selección.


-Hablabas de cuando la gente empezó a enamorarse del Dibu por su personalidad, sus festejos, sus bailes y su forma de vivir cada atajada. ¿Qué te pasó a vos en ese momento? ¿Reconocías ahí al Emiliano que conocés de toda la vida o descubriste una faceta distinta de él dentro de la cancha?

—Sí, Emi siempre fue de hacer chistes, de bromear y de divertirse. Quizás no tanto como se vio en esos partidos. Para cuándo no había público, se escuchaba todo mucho más claro. Yo nunca lo había visto actuar de esa manera, tan espontáneo.

Siempre cargaba a sus amigos y hacía bromas, pero no así. Sin embargo, le sirvió porque se dio cuenta de que eso molestaba a los rivales y supo aprovecharlo. Tiró un buen golpe, por decirlo de alguna manera, y noqueó. Porque, ¿viste cómo es esto? A veces, si no noqueás, el rival se levanta y te sigue pegando. Él vio que el rival estaba débil y aprovechó la situación. Y, gracias a Dios, pudimos traer la copa.
 
-Y llegó la final del mundial de Catar y el minuto 123: La atajada a Kolo Muani. ¿Qué fue lo primero que se te cruzó por la cabeza cuando terminó el partido?

-Bueno, en ese momento, cuando pateó Kolo Muani, yo no había visto bien la jugada porque la gente se paraba y se sentaba todo el tiempo. Era un ida y vuelta constante.
 
En una jugada, (Nicolás) Otamendi cabecea y la pelota vuelve, y ahí todo el mundo se sentó. Pero cuando la pelota volvió otra vez y quedó mano a mano con Emi, todos se levantaron. A mí no me dio tiempo a levantarme, y enseguida empezaron a golpearme la espalda y a decirme: 'Es un animal, tu hijo es un monstruo. Mirá lo que hizo'.

Pero yo no había visto qué había pasado. Recién vi la pelota cuando la rechaza el Cuti Romero y arranca la jugada nuestra que termina con la situación que después no pudo convertir Lautaro (Martínez).
 
Al otro día, cuando pude ver la jugada, porque estábamos en Catar y no había muchas posibilidades de ver televisión, me di cuenta de lo impresionante que había sido. La atajada fue impresionante.

-¿Qué le dijiste al Dibu en la cancha después de salir campeón del mundo en Catar? 
 
-No me acuerdo qué le dije en ese momento, pero te podés imaginar que era todo alegría. Lo único que tengo grabado en la cabeza es que él me dijo: 'Gordo, disfrutalo, que todo esto también es tuyo'. Y ahí te quebrás. Te podés imaginar que no podés decir nada. Solo abrazarlo, darle una cachetada cariñosa en la cara y disfrutar de ese momento junto a todos los que estaban dentro de esa cancha.
 
Era algo único. Miraras donde miraras, todo era felicidad: gente riéndose, contenta, disfrutando. Estaba (Lionel) Messi, como nunca, con una sonrisa de oreja a oreja; (Rodrigo) De Paul y todos los chicos que estaban ahí eran increíbles. Esa es la imagen que me quedó grabada hasta el día de hoy.

 
-El homenaje en el Arena Fest de Las Toscas fue histórico, con media ciudad desbordada. ¿Qué se siente ver que el puerto, el barrio y toda Mar del Plata adoptaron a tu hijo como el máximo héroe popular contemporáneo?
 
-Cuando llegamos, había gente por todos lados. Había personas colgadas de los árboles y en cualquier lugar que te imaginaras. Era una locura por la alegría que tenían.

Ahí te das cuenta de lo que es el hincha argentino, que vive todo con una pasión enorme. La gente estaba increíble. No sé si había 45.000 personas o cuántas eran exactamente, pero era impresionante.
 
Después, Emi quería disfrutar un poquito más del momento, pero la gente empezó a subirse al escenario y tuvieron que sacarlo. De todas maneras, disfrutó mucho del cariño de toda la gente de Mar del Plata, y los marplatenses también disfrutaron de tenerlo ahí. Él quería quedarse un rato más, compartir con los chicos y seguir viviendo ese momento, pero no se pudo.
 
Fue algo muy lindo. Son momentos únicos que te va regalando la vida y que quedan para siempre. Y yo tengo la suerte de estar acá, de pie, pudiendo verlo y disfrutándolo hoy en día.

-Cuando viene a Mar del Plata a descansar, a comer un asado o a estar con la familia. ¿Qué es lo primero que te pide apenas pisa la ciudad? ¿Logra desconectar del "Dibu" y volver a ser el Emi de siempre? 

-Me pide que lo vaya a buscar porque no puede venir solo. Ahora tiene un campo y, gracias a Dios, puede disfrutar de ese lugar. Antes vivía en Rumencó y no podía estar tranquilo, porque tenía 200 chicos todos los días en la puerta de su casa.
 
Es algo lindo y, al mismo tiempo, difícil, porque no puede disfrutar plenamente de sus hijos, de su mujer o de hacer una vida normal. No puede salir a cualquier lado cuando quiere; de alguna manera, terminás sintiéndote preso en tu propia casa.

Ahora, con el campo que tiene, puede disfrutar más los fines de semana, estar con sus hijos, andar a caballo y moverse con tranquilidad.  

-Yendo al presente, con el Mundial en puerta, ¿cómo viene de la lesión el Dibu? ¿Va a estar en condiciones de atajar? 

-El dedo se está soldando muy bien y yo espero que llegue. Igual, Emiliano va a llegar, olvídate. Va a jugar con dolor o sin dolor, con el dedo quebrado si hace falta, pero va a jugar igual. Para el primer partido llega, seguro.
 
-¿Te comentó cómo viene viviendo estos días previos al comienzo del Mundial?

-Él está bien. Tiene la mano vendada y está entrenando todo lo físico, porque todavía no puede tocar ninguna pelota ni hacer nada con esa mano. Pero está con el grupo, está muy contento y muy confiado porque sabe que llega.

-Y para cerrar, ¿la ilusión de ir por la cuarta estrella sigue intacta en el Dibu y en la Selección? 
 
-¿Y cómo no lo va a decir? Todo el mundo quiere ganar. Si no tenés la esperanza de ir a ganarla, ¿para qué vas a ir a jugar?

OTRAS NOTAS

RIO NEGRO

Exintendente, designado en un puesto clave de la Comisión Nacional de Energía Atómica

El ex jefe comunal de Bariloche, Gustavo Gennuso fue nombrado presidente del Consejo de Administración de la Fundación Intecnus, el centro de medicina nuclear de la ciudad. El cargo es ad honorem y la designación fue firmada por Martín Porro, presidente de la CNEA

Copyright 2026
La Tecla Patagonia
Redacción

Todos los derechos reservados
Serga.NET