31 de marzo de 2026
ÍNDICES
Según el INDEC, uno de cada cuatro sureños en los grandes aglomerados es pobre
El dato ubica a la región patagónica por debajo del promedio nacional (28,2%), aunque confirma que la pobreza sigue alcanzando a una proporción significativa de la población pese a la mejora registrada en el último semestre

Según el más reciente informe del INDEC, la pobreza en la Patagonia se ubicó en el 25,4%, por debajo del promedio nacional del 28,2%. El indicador confirma una tendencia que se repite en los últimos años: la región mantiene mejores registros relativos frente a otras zonas del país.
La baja respecto al semestre anterior se explica, principalmente, por una recuperación de los ingresos familiares que logró superar el aumento de las canastas básicas. A nivel general, los ingresos crecieron por encima del costo de vida, lo que permitió que algunos hogares salieran estadísticamente de la pobreza.
Sin embargo, el dato requiere una lectura más amplia. La Patagonia combina salarios promedio más altos —en parte vinculados a actividades como la energía y la minería— con un costo de vida también superior al de otras regiones. Este factor limita el impacto real de los ingresos en el poder adquisitivo.
Además, el promedio regional oculta diferencias internas. En los principales centros urbanos se concentran mejores indicadores, mientras que en localidades más pequeñas o con menor dinamismo económico se observan situaciones más cercanas al promedio nacional.
El informe también refuerza una tendencia que atraviesa a todo el país: la incidencia de la pobreza es mayor en los sectores más jóvenes. A nivel nacional, más del 40% de los menores de 14 años vive en hogares pobres, un fenómeno que también tiene impacto en la Patagonia, especialmente en áreas urbanas en expansión.
Otro elemento relevante es la brecha entre ingresos y necesidades básicas. Incluso entre los hogares que se encuentran por debajo de la línea de pobreza, los ingresos no alcanzan a cubrir el costo total de bienes y servicios esenciales, lo que evidencia una fragilidad persistente.
En este escenario, la evolución de la actividad económica regional será clave. La dinámica de sectores como el petróleo, el gas, la obra pública y el turismo incide directamente en el empleo y en la capacidad de los hogares para sostener ingresos.