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Argentina
24 de enero de 2013
CRISIS EN BARILOCHE

Goye pende de un hilo

El Concejo Deliberante aprobó por unanimidad la revocatoria de mandato del intendente y fue suspendido. Hubo una estrategia de desgaste, pero resistió. ¿Continuará en esta postura desafiante?

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La crítica situación económica, política y social que hace años atraviesa la ciudad de Bariloche; la carencia de respuestas por parte de la dirigencia municipal y, sumado a ello, la interna del Frente para la Victoria, pusieron en jaque la continuidad del Intendente al frente de la comuna. A poco más de un año de asumir la conducción del Ejecutivo local, Omar Goye no logró encaminar el destino de la localidad rionegrina, y quedó acorralado por los cuestionamientos a su gestión. En este contexto, y más allá de las acusaciones de pergeñar un golpe institucional, autoridades provinciales y referentes peronistas le bajaron el pulgar. Por mandato de su propio partido, el Concejo Deliberante aprobó por unanimidad el proyecto que da inicio al proceso de revocatoria de mandato y lo suspendió en sus funciones. La resolución de la causa podría demorar hasta seis meses. Esto teniendo en cuenta que incluye el llamado a referéndum, votación para ver si permanecerá o no en su cargo, y de resolverse la revocatoria, correspondería el llamado a elecciones. Mientras tanto, el Jefe comunal da batalla. Ante cada embate recibido desde Viedma ofreció resistencia, y parece decidido a continuar por el mismo camino. Horas previas a la sesión extraordinaria se encargó de desmentir los rumores que circulaban sobre su posible renuncia sosteniendo que “esto es una guerra que recién empieza”. ¿Cuál será el futuro de Goye? ¿Resistirá o dará un paso al costado?

Los hechos
A un año de haber asumido el poder municipal, la gestión del hoy suspendido Jefe comunal se vio plagada de irregularidades, escándalos, y falta de respuestas a los problemas que atraviesa la ciudad, lo que desencadenó en una crisis social que culminó a fines de diciembre con una serie de saqueos en diferentes comercios barilochenses. Si bien la caótica situación que vivió la localidad lacustre no fue tomada como argumento principal por los concejales para presentar y aprobar el proyecto para dar comienzo a la revocatoria del Intendente, las lecturas de los hechos fueron varias. Mientras Goye sigue sosteniendo que “fue una excusa. Esto es una cuestión de la interna provincial. Pronto se van a ver los resultados”, las autoridades provinciales se desligan del tema. Lo cierto es que los sucesos dieron pie a su revocatoria, las versiones circulaban, pero la decisión no llegaba. La cuestión es quién se haría cargo del costo político que pudiera acarrear tal determinación. Así, comenzó una estrategia de desgaste hacia el titular del Ejecutivo comunal. Encabezada por el gobernador Weretilneck y el senador Pichetto con el pedido de renuncia, siguió, en el mismo sentido, el constante hostigamiento de ministros provinciales, diputados y referentes justicialistas. A ello le siguió la dimisión de varios funcionarios comunales alineados al legislador nacional que, llamativamente, de la noche a la mañana dejó de atenderle el teléfono al titular del Ejecutivo local. “Intenté hablar con él, pero no me fue posible”, comentó el suspendido Jefe comunal. El objetivo era dejarlo en soledad para que diera un paso al costado, y de esta manera no cargar con un hecho que la historia puede llegar a juzgar: la “destitución” de un representante elegido por la voluntad del pueblo. Hasta ahora, la táctica no dio resultado. El Intendente dio pelea y resistió los embates. Ante esta actitud no hubo alternativa: había que encaminar la revocatoria.
Así, el Consejo del Partido Justicialista ordenó a los concejales barilochenses avanzar con paso firme en la revocatoria del conductor del Ejecutivo municipal. De esta manera, el cuerpo deliberativo con diez votos a favor y uno en contra del edil de la Unión Cívica Radical dio inicio al proceso que determinará su continuidad.
El 24 de enero de 2002 el jefe comunal por el radicalismo Atilio Feudal presentaba la dimisión a su cargo. La situación económica, política y social de Bariloche presenta similitudes en comparación con la actual. El ex intendente era acusado de “falta de conducción” y de no poder resolver la crisis que atravesaba la ciudad. Esto lo llevó a distanciarse de la dirigencia de su partido -con internas al igual que el Partido Justicialista-, quedando frente al gobierno municipal en total soledad. Además, la determinación de alejarse del poder estuvo motivada en el reclamo de planes sociales por parte de los trabajadores que desencadenó una serie de hechos violentos. En su discurso de renuncia, Feudal arremetió contra el Concejo Deliberante y el gremio municipal por no acompañar su gestión. La única diferencia con la situación actual radica en que el fantasma de la revocatoria estuvo presente pero no se concretó.
Hoy la historia exhibe un final abierto. Goye ¿mantendrá su actitud o colgará los guantes?


Nota Completa en La Tecla Patagonia Nº 122

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