20 de diciembre de 2012
CIUDAD CAPITAL
Neuquén ¿Tierra de acosos?
Durante las últimas semanas hubo denuncias de maltrato tanto en el Ejecutivo como en el Concejo. Algunos casos se analizan en el ámbito legislativo. Críticas del PJ a Quiroga
La administración pública neuquina cierra 2012 con una serie de denuncias por episodios de acoso laboral que, supuestamente, ocurrieron en el Concejo Deliberante y el Palacio municipal. Algunos se analizan en el ámbito legislativo y otros se exponen públicamente en reuniones que tienen que ver con la política. Vamos por partes.
Episodio I, Concejo Deliberante - El concejal Hugo Righetti (MPN) contó que más de cinco empleados le pidieron el pase a su bloque para resguardarse del acoso -o mobbing- que supuestamente sufrían por parte de funcionarios de la planta política. Básicamente, los cambiaban de oficina, no les daban tareas y les propinaban un trato humillante.
El hecho saltó a la luz hace pocas semanas, y se supo que los denunciados eran dos jerárquicos -un hombre y una mujer- que desembarcaron en el Concejo tras la asunción del intendente Horacio “Pechi” Quiroga. La denuncia descomprimió la situación y hasta terció la promesa de que “se va a investigar”, pero fuentes confiables dijeron a La Tecla Patagonia que al menos una de las víctimas pidió su pase a otro organismo.
El hecho también tuvo como desenlace la presentación de un proyecto de ordenanza en el que el concejal propuso crear una comisión de control y erradicación de la violencia laboral en los organismos de la administración municipal. Su intención es que se apruebe en febrero próximo.
Episodio II, Palacio municipal - El ex secretario de Gobierno, Marcelo Barberis, aseguró a este medio que “la persecuta” que presuntamente venían sufriendo los empleados que eran afines a la administración anterior -radicales, ellos- “se tornó más feroz” en las semanas que le precedieron a la interna partidaria del domingo último.
“Cómo será que aquellos que nos apoyaron ni siquiera se animaron a decirlo en Facebook por a temor a las represalias”, dijo Barberis y contó el caso de uno de los choferes del Concejo al que “obligaron” a ir en busca de los candidatos quiroguistas “que estaban haciendo campaña en San Martín de los Andes”. Por si hace falta aclararlo, se afirma que usaron un vehículo oficial.
A esto se suman los dichos del diputado radical Eduardo Benítez, quien denunció que los municipales tuvieron miedo de ir al acto que Ricardo Alfonsín encabezó en esta ciudad.
Aquí se impone un paréntesis: varios de los concejales de la oposición subrayan diferencias entre los estilos que profesan Quiroga y el presidente del Concejo, Gastón Contardi (del mismo partido, NCN), al que consideran “abierto” y “dialoguista”.
En tanto, Darío Martínez (PJ) ensaya la siguiente reflexión respecto de los subalternos que ahora están apuntados: “Cuando un Intendente usa la soberbia como acción política dentro de su discurso, no hace más que generar escuela entre sus funcionarios”.
También se refirió al “clima reinante” la concejal Teresa Rioseco (FyPN) quien aseguró que “existen los jodidos” e hizo ver que en el Concejo “hay empleados con certificado psicológico y otros que han tenido muchísimos problemas”.
Episodio III, la Defensoría - El caso está guardado bajo siete llaves y hay quienes arriesgan que tiene alguna connotación sexual. El denunciado es un funcionario cercano a la secretaria de Desarrollo Humano, Yenny Fonfach. Ediles consultados por La Tecla Patagonia confiaron que la denunciante llevó sus quejas a la Defensoría del Pueblo y que allí le recomendaron “una mediación” desalentando, al parecer, la radicación de la denuncia. A los pocos días “el asunto” recaló en el Concejo y se espera que lo aborde la Comisión de Legislación General, que preside Juan José Dutto (CC-Ari) y cuyo secretario es Righetti.
El caso llegó hace quince días de la mano de una asociación consagrada a la lucha contra la violencia de género. Y aunque en algún momento pareció desinflarse, concejales consultados por este medio coincidieron en que “ya es de nuestro conocimiento y tenemos la obligación de investigar” tanto el presunto acoso como la supuesta inacción del Defensor.
La experiencia indica que muchas veces el mobbing es usado para forzar a alguien a abandonar su lugar de trabajo. ¿Serán estos los casos? Quién sabe. El hecho es que, como bien lo refiere aquel proyecto de ordenanza, esas conductas crean un ambiente hostil y desestabilizador que a la víctima le resulta difícil demostrar.
La nota completa en el Revista La Tecla Patagonia número 120