INFORME ESPECIAL
28/11/2020
Desinflados: los problemas del radicalismo en la Patagonia
De un tiempo a esta parte, la Unión Cívica Radical ha tenido serios problemas para disputar la gobernación en las provincias del sur del país. Lejos de sus épocas doradas, el partido centenario tiene la difícil tarea de reinventarse para recuperar el terreno perdido. ¿La crisis será una oportunidad?
Por Sebastián Simonetti

La historia de la Unión Cívica Radical en el sur del país no escapa a los periplos que atravesó el partido centenario a nivel nacional. De ser una de las dos fuerzas más importantes de la Argentina en los cimientos de la República, pasó a ser furgón de cola de una alianza política y electoral que en los papeles despertaba ilusiones en los radicales que peinaban canas y soñaban con volver a tener una UCR fulgurante de poder, pero que en la práctica estuvo muy lejos de eso.

Claro que si bien hay similitudes en las distintas historias patagónicas, cada provincia tiene sus particularidades. Sin ir más lejos, bien podría dividirse en dos el análisis, ya que en Río Negro y Chubut el radicalismo supo ser muy fuerte y gobernar por largos años. Esto no ocurrió en Neuquén y Santa Cruz. Pero ese primer acercamiento es solo eso, un pantallazo inicial, porque luego cada distrito tiene sus peculiaridades que no se pueden soslayar.

También habría que agregar a la lista de ingredientes desfavorables para el repunte radical el crecimiento que han tenido los partidos provinciales en la región. En este momento, tres provincias son gobernadas por fuerzas que levantan la bandera del arraigo territorial por sobre otras. Con matices y distancias entre ellas, claro. Pero cada una de ellas ostenta el poder, mientras que su rival inmediato hoy, en todos los casos es el peronismo. Por lo que el radicalismo quedó relegado al tercer lugar, siempre bajo el sello de la alianza Juntos por el Cambio.

Y precisamente allí se abre otro eje de análisis: la conveniencia o no de permanecer en la alianza política y electoral, que hasta la fecha le ha traído pocos dividendos a la UCR. Pero además, ya no son oficialismo a nivel nacional, por lo que hoy están en otra posición para negociar mayor protagonismo. Si durante el gobierno de Mauricio Macri, quien llevaba la batuta era el PRO, también se quedaron con el crédito de la derrota del año pasado. Y ese pase de factura es la base del radicalismo para empezar a negociar. Y claro, la notable diferencia a favor en lo que a estructura partidaria se refiere. A nivel general, pero en la Patagonia se nota más el hándicap.

Aquellos viejos tiempos: el desafío de recuperar la gloria perdida



Uno de los casos paradigmáticos en lo que al devenir del radicalismo en la región se refiere es lo que ocurrió en una de las provincias de la Patagonia Norte. En Río Negro, la UCR fue ama y señora durante casi tres décadas. Del ´83 al 2011 fue todo rojo en la provincia. Pero sobre el final de la dinastía, algo se rompió. Tal vez la permanencia en el poder por largos años terminó jugándoles en contra, se perdió el foco. Lo cierto es que desde aquel entonces no volvieron al poder, ni a estar cerca de disputarlo en las urnas.

“Nosotros gobernamos la provincia durante 28 años. Evidentemente ha habido un desgaste importante. Hubo muchas alianzas en esos años. Hasta hubo radicalismo K, la alianza por el trabajo y la educación. Un radicalismo muy a la rionegrina, que hacía su propia estrategia, muchas veces corrido de la estrategia del partido a nivel nacional. Creo que quizás se “fueron de mambo” con las alianzas y por eso el desgaste”, apuntó a La Tecla Patagonia la presidenta de la UCR, Lorena Matzen. 

En la misma sintonía, la también diputada nacional señaló: “al final del camino, comenzaron a formarse los gobiernos con los socios, muchos que se afiliaron al poder del radicalismo y no al partido. Cuando perdimos el poder se notó eso. Somos el partido de la patagonia que tiene más afiliados. Un partido tan pragmático que se fue alejando de los principios y la ideología que lo caracterizó durante 130 años”.

En tanto, Matzen explicó: “Nos cuesta recuperarnos porque el partido que llegó al poder, se hizo desde el gobierno. Es una fuerza surgida desde el poder. Nuestro partido surge en contra del poder, rebelándose a un régimen autoritario y centralista. El radicalismo surgió en la lucha. Juntos Somos Río Negro es un partido creado desde el poder, con radicales, peronistas, de izquierda, sin un claro núcleo ideológico...tienen ministros que han sido funcionarios nuestros en gobiernos pasados. Y ahora son verdes. Ahí no hay ideología”.

Parte de los problemas de la UCR se explican por el éxodo al oficialismo. “Muchos dirigentes nuestros se cambiaron de bando, al calor del poder.Todavía no se han limpiado los padrones. Tenemos radicales rojos y verdes. En la reconstrucción partidaria todavía tenemos jugadores del otro equipo”, disparó la legisladora.

De cara a lo que viene, la titular de los correligionarios rionegrinos manifestó: “También es un desafío para el radicalismo construir por fuera del poder, fuimos muchos años oficialismo. Es un desafío construir dirigencia sin poder. Lo que más necesitamos y por lo que trabajamos es en la difusión de nuestra ideología. Cómo solucionamos la salud, la economía desde la mirada radical. El desafío que tenemos es formar dirigentes para el futuro. Estoy convencida de que vamos a volver a gobernar la provincia. enemos la génesis de Río Negro, conocemos sus problemas. Será un camino que va a llevar tiempo, pero el radicalismo rionegrino tiene vocación de poder”.

Por último, Matzen subrayó que “está acordado que en 2021 le toca encabezar a la UCR. Si se quiere desconocer esto, tenemos la obligación de pelear esa banca, que es del radicalismo. No importa si va Lorena, Juan o Pedro”. Agregó: “Va a ser un año difícil para ir a buscar votos y nosotros tenemos una estructura que vale y tenemos gente en cada localidad. No vamos a entregar esa banca. Confío en que nuestros socios políticos van a cumplir esos acuerdos”.


Chubut, el otro bastión perdido


Si bien no gobiernan la provincia hace 17 años, la Unión Cívica Radical supo ser muy fuerte en la provincia que hoy gobierna Chubut al Frente, un partido provincial alineado explícitamente y sin eufemismos al gobierno nacional. De hecho, desde la vuelta a la democracia, la suma de gobiernos radicales suman 16 años, 12 de ellos de manera consecutiva entre 1991 y 2003. Si bien conservan algunas intendencias y comunas, en los papeles hoy están lejos de la disputa real del poder.

“Cuando se pierde en manos de Das Neves, él fue por todo. El peronismo tiene esa cuestión de la verticalidad, donde no discuten el poder. Cosa que nosotros hacemos siempre. Por eso siempre se habla tanto de la interna radical. El peronismo es tan verticalista que le sirvió para mantener el poder hasta ahora. Y cuando tienen internas, terminan compitiendo entre ellos como si hubiesen aterrizado recién desde un Ovni. Arcioni tiene funcionarios que antes eran “oposición”. Siempre es el mismo peronismo dividido en dos, es la misma gente”, comenzó su descargo con este medio la presidenta del partido a nivel provincial, Jacqueline Caminoa.

Asimismo, la titular del radicalismo chubutense reflexionó: “Ellos tienen un manejo diferente del poder y de los medios, una facilidad para utilizar los medios del Estado para ganar una elección. Me parece que la gente no está interesada en las cosas que muchas veces hablamos nosotros, sobre la defensa de las instituciones. Ese discurso no les llega”. Añadió: “pasó en la última elección a Gobernador. Nosotros alertábamos sobre la imposibilidad de Arcioni de pagar el aumento salarial, porque veíamos los números. Pero le creyeron. Y no pudo pagar, pero para eso ya era tarde, ya había ganado las elecciones”.

En este sentido, Caminoa expresó: “creo que una gran parte de la sociedad nos va a exigir que hagamos acuerdos con otras fuerzas políticas para poder ser una alternativa seria en la próxima fecha electoral, sobre todo en 2023. Tenemos que ofrecer una alternativa mucho más amplia que el radicalismo. Y eso no significa entregar el partido, no es así. Tenemos la estructura y la gente para liderar cualquier fórmula. Tenemos que ser la columna vertebral de cualquier frente, pero hay que formarlo, estoy convencida. En su momento dudé mucho de Cambiemos, pero la gente nos va a exigir ampliarnos”. 

Sobre el futuro inmediato, la otrora diputada provincial se mostró optimista: “Veo con chances la elección del año que viene. El peronismo, a mi criterio va a tender a unificarse. No en la Legislatura donde no están de acuerdo, pero en el Congreso Fernández va a necesitar muchos diputados para sacar leyes. Creo que en un acto de renunciamiento de Arcioni van a apostar a unificar listas, más allá de que Sastre quiera ser Senador. Chubut al Frente no puede presentarse a nada, está destruido. Si se unifican, para nosotros también va a ser beneficioso”.


El escenario más cuesta arriba: la provincia gobernada hace 60 años por el MPN


Si de contextos adversos se trata, ninguno como el territorio que gobierna el Movimiento Popular Neuquino desde hace seis décadas de manera ininterrumpida. Desde su fundación, el partido provincial nunca perdió una elección. Si se tiene en cuenta que el oficialismo nacional actual es peronista, las posibilidades del radicalismo asoman muy remotas. Más aún, en un escenario en el que incluso a la alianza Juntos por el Cambio le cuesta hacer pie. Pero además, la UCR debe resolver un tema de conducción en la región.

“Cuando se muere Alfonsín quieren reemplazar el liderazgo. Ahí empezó una pelea por reemplazarlo. Pero no es posible, puede haber alguno mejor o peor, pero es irremplazable el liderazgo popular de él. Hay que buscar otras formas de organización”, historizó el presidente del radicalismo neuquino, César Gass, en diálogo con La Tecla Patagonia.

“En Neuquén se murió Pechi (Horacio Quiroga). Y nosotros no podemos reemplazar su liderazgo, fundamentalmente en la capital. Él tenía una conducción férrea, tenía conocimiento absoluto en toda la provincia. Cuando muere Pechi, los junté a todos y dije que era irremplazable, que había que abrir el partido. Radicales hay, solo hay que darles espacio. Yo acompañé esa apertura y otros no lo entendieron. Por eso tuvimos varios problemas institucionales”, detalló el también diputado provincial. 

Sobre la reconstrucción del partido, Gass afirmó que “fijamos fechas de elecciones internos que no las difundimos por la pandemia, pero había que tener una y prorrogarlas todas las veces que fuera. Hoy quedaron postergadas para el 14 de marzo. Si se puede se harán y si no se volverán a postergar. Esto calmó un poco las aguas. Las autoridades se legitiman mediante elección interna, en toda la provincia”.

Respecto de la pérdida de bancas de la UCR en el parlamento nacional, el referente provincial indicó: “Todos los candidatos que hoy están en el Congreso fueron puestos por Pechi. Él fue un enorme intendente, pero que en lo que tiene que ver con el partido se manejó de otra manera. Él forjaba alianzas que eran lo mejor para la ciudad y el proyecto que él tenía de provincia, pero no eran lo mejor para el radicalismo seguramente, porque le bajaba el precio”.

De cara a lo que viene, el titular del radicalismo neuquino dijo que “con estas elecciones internas lo que hacemos es mostrar cuántos afiliados tiene el radicalismo, en comparación con los otros miembros de la coalición Juntos por el Cambio. Y ahí nos vamos a sentar a la mesa y vamos a ver que el radicalismo va a ser columna vertebral, no vamos a ser furgón de cola. Pero hay que empezar al revés, hay que mostrar cuánto tenemos. Y si ellos no están de acuerdo, iremos a internas”.

Disparó: “fue muy lamentable lo que pasó en las últimas PASO, donde desde Buenos Aires no lo dejaron llevar la lista larga a Juan Peláez. Y con lista corta no te podés presentar ni a una elección de club barrial. Eso no va a pasar ahora. Hay una mística distinta, un movimiento de las bases. Nos estamos juntando por zoom para que sean más masivas, con gente de San Martín, La Angostura, Chos Malal. Algunas pocas presenciales también”.


Santa Cruz: entre la fragmentación radical y el dominio peronista


De la vuelta de la democracia para acá, fue una victoria del Partido Justicialista (y afines) tras otra. En alguna oportunidad el radicalismo estuvo más cerca que en otra, pero el resultado en cada una de ellas fue el mismo: una derrota. De cara a lo que viene, el panorama no asoma más claro. Las divisiones internas son moneda corriente y no hay un liderazgo unívoco. El último cacique, Eduardo Costa, hace rato que no se lo ve en el escenario político público, tal vez en retirada tras su nueva derrota en manos del kirchnerismo. 

En este sentido, desde octubre de 2019 hasta hoy, la suerte del radicalismo santacruceño fue en declive. La derrota electoral por la cual se perdieron las dos principales intendencias, sumado a los afiliados que decidieron adherirse a otros espacios, y el estruendoso silencio desde entonces del principal ordenador, socavaron los cimientos del armado.

Un factor esencial para que exista una crisis es negarla. Y con esa regla parecen cumplir muchas de las actuales autoridades del partido, que aseguran que existe un orden en el espacio y que las turbulencias solo responden a intereses personales de algunos dirigentes, a la complicada coyuntura política y social o a la cuña que mete el oficialismo provincial desde afuera.

“Quieren instalar una crisis partidaria que no es tal”, aseguran desde el entorno de Costa, y recalcan: “tenemos autoridades elegidas, comités y lugar para que todos los sectores participen”. Casi en continuado, desde la cúpula radical apuntan contra los propios que negocian con el peronismo para sacar rédito, y debilitan un posible armado de la UCR, ya fraccionado hacia adentro y con posibilidades de una mayor atomización ante una futura contienda electoral.

Lo cierto es que, de manera oficial, hubo traspasos que no solo socavaron al principal espacio opositor, sino que también dejaron en evidencia una incapacidad de los líderes de contener la mayor cantidad de voluntades posibles. Desde 2019 a la fecha, se cruzaron de vereda Héctor Di Tullio, Gerardo Terraz, Evaristo Ruiz, Leandro Fadul y Fernando Millapel, entre las principales figuras que pegaron el volantazo.

Sin Costa en escena, la realidad indica que la UCR santacruceña va camino a una transición de liderazgos. El senador fue muy claro en sus deseos, al ubicar a la diputada nacional Roxana Reyes como su principal heredera. Tal es así, que fue el caballito de batalla electoral de las últimas elecciones, y lo seguirá siendo en los comicios que se vienen, incluso en momentos donde la propia legisladora prefería no participar, como en el caso de las municipales de 2019, donde representó al sello por pedido de los referentes de su espacio.

“Es Unión Cívica Reyes”, dicen los críticos a la centralidad de la Diputada, que se perfila para ser la principal heredera del trono que, más antes que después, abandonará Costa. Pero esta herencia evidencia un problema mayor y de fondo: la falta de referentes jóvenes que le den aire fresco al radicalismo. Aún resuena el legado de Héctor “Pirincho” Roquel y Alfredo “Freddy” Martínez, como figuras que no encontraron un reemplazo natural en la estructura partidaria.

El escenario inmediato no parece alentador para el radicalismo. El oficialismo provincial, aún fraccionado, logró en las últimas elecciones traccionar la mayor cantidad de votos y, como está planteado el escenario, repetirá la fórmula en 2021, para dar paso sí a una lucha más abierta por la bendición de Alicia Kirchner en 2023. En ese tiempo, la UCR debe rearmarse, sin alimentar al kirchnerismo, estableciendo alianzas y evitando, al mismo tiempo, que haya un crecimiento de las fuerzas vecinales que lo corran de la hegemonía bipartidista que aún persiste en la provincia.