22/11
Villa Mascardi y un diálogo que no es tal
Desde hace tiempo, los vecinos de Villa Mascardi son víctimas de un grupo de delincuentes que usurpan tierras, incendian y amenazan. Lo que hacen va en contra del Código Penal. Cuentan con el aval del Gobierno Nacional, que no sólo mira cruzado de brazos sino que les brinda apoyo moral y material

Por Juan Martin*

Desde hace tiempo, los vecinos de Villa Mascardi son víctimas de un grupo de delincuentes que usurpan tierras, incendian y amenazan. Actúan con sus caras cubiertas por capuchas, pero también escondidos bajo la máscara de supuestos reclamos ancestrales.

Vale la pena resaltar este concepto: ni siquiera sabemos si son mapuches, porque actúan enmascarados y porque las comunidades de la zona los desconocen. De lo que estamos seguros es de que son delincuentes, porque lo que hacen va en contra del Código Penal.

También estamos seguros de que cuentan con el aval del Gobierno Nacional, que no sólo mira cruzado de brazos sino que les brinda apoyo moral y material. La ministra de Seguridad, Sabina Frederic, denunciando a vecinos que intentaron marchar pidiendo –valga la redundancia- seguridad es ejemplo de lo primero, y el vicepresidente del Instituto de Asuntos Indígenas, Luis Pilquimán, llevando gente a la zona tomada en un vehículo oficial es muestra de lo segundo.

Durante este año, desde la conducción del Estado Nacional se hizo de todo, menos lo que se debía hacer: restablecer el imperio de la ley en Villa Mascardi y en toda la zona cordillerana. Ahora, el Gobierno Nacional echa mano a un nuevo recurso para seguir sin hacer nada. Lo llamó “mesa de diálogo”.

Hay que reconocer que este Gobierno –y el kirchnerismo en general- tiene una gran habilidad para manipular el lenguaje. Así como es capaz de llamar “aporte solidario” a un nuevo impuesto, o de tratar de vendernos que es el gran “desendeudador” cuando en apenas 11 meses incrementó 20 mil millones de dólares la deuda pública, hoy llama “diálogo” a algo que ni siquiera se le parece.

El primer motivo por el que no podemos hablar de diálogo es porque no se convocó a los vecinos damnificados. Están el Gobierno Nacional con sus ministerios de Seguridad y Justicia, un timorato Gobierno de Río Negro que pega los gritos en un lado y pone los huevos en otro, y el Parlamento Mapuche (no sabemos a título de qué, porque como dijimos no está comprobado que los delincuentes tengan algo que ver con este pueblo). Pero de los vecinos, ni noticias.

Podría decirse que este diálogo, en lugar de tener varios interlocutores tiene uno solo, pero con distintas caras.

Tampoco podemos creer que puede existir un diálogo cuando una de las partes ya dijo que no desea dialogar. Eso es lo que hizo la autodenominada comunidad Lafken Winkul Mapu –los usurpadores de Villa Mascardi- en reiterados comunicados e incluso se lo dijo en la cara a la gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras.

Ni siquiera es una opción válida cuando la contraparte no tiene en claro que dialogar es la mejor alternativa. En este caso, ante la empecinada renuencia del Gobierno a hacer uso de la fuerza pública, quienes están al margen de la ley cuentan con la tranquilidad de saber que si no dialogan y no entran en razones no les sucederá nada.

A esta escasa, por no decir nula, voluntad del Gobierno Nacional por solucionar el problema, se suma un Gobierno rionegrino que tampoco sabe mucho de diálogo. La administración de Arabela Carreras se ha caracterizado desde un principio por tomar decisiones en soledad, por armar sus propios “diálogos” en los que sólo hablan sus propios funcionarios.

Además, como ya dijimos, se ha mostrado tímido a la hora de actuar y alineado en los hechos con el gobierno kirchnerista, aunque en los dichos exprese otra cosa.

Todos queremos una solución pacífica al conflicto de Villa Mascardi y a todos los que hay en la región. Pero esto exige llamar a las cosas por su verdadero nombre y, ante todo, una firme decisión política de estar del lado de la ley y de las víctimas.

* Legislador provincial de Río Negro (Juntos por el Cambio)