9 de abril de 2026
ESCENARIO
Langostino en tensión: arranca la temporada con conflicto abierto y temor a otra parálisis
A días del inicio en aguas nacionales, la falta de acuerdo entre empresas y el gremio marítimo mantiene en suspenso la actividad. Una decisión empresarial de avanzar por fuera de la negociación colectiva agrega incertidumbre en un sector clave para la economía patagónica

A menos de una semana del inicio previsto de la temporada de langostino en aguas nacionales, al norte del paralelo 41°, el conflicto entre las cámaras empresarias y el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) continúa sin resolución y condiciona el arranque de la zafra. El antecedente inmediato es el de 2025, cuando la flota tangonera congeladora permaneció inactiva durante casi tres meses, con consecuencias directas sobre el empleo y la actividad portuaria en la Patagonia.
En este contexto, la empresa Conarpesa resolvió avanzar de manera independiente y confirmó la convocatoria de tripulantes para zarpar el 15 de abril con sus doce buques. La decisión implica la firma de contratos individuales con marineros efectivos y relevos, en un intento por no perder la ventana de captura. La propuesta contempla un anticipo de 1,5 millones de pesos por marinero y un esquema de pagos atado al precio internacional del langostino, con tres escalas según valores de exportación: por debajo de los 6.000 dólares la tonelada, entre 6.000 y 8.000, y por encima de ese nivel.
El conflicto paritario, que se arrastra desde febrero, tiene como eje la distribución de los ingresos generados a bordo. Las cámaras empresarias —CAPECA, CAPIP y CEPA— plantean ajustar los valores en función de la volatilidad de los precios internacionales, mientras que el SOMU rechaza esa lógica y exige un acuerdo colectivo que garantice condiciones uniformes. Desde el gremio sostienen que el salario no puede absorber las variaciones del mercado y reclaman mayor transparencia en los valores reales de exportación.
La falta de acuerdo mantiene en incertidumbre a cientos de trabajadores y sus familias en provincias como Chubut, Santa Cruz y Río Negro, donde el langostino es una fuente importante de empleo. La actividad no solo involucra a la flota, sino también a plantas procesadoras, logística y servicios vinculados a los puertos, lo que amplifica el impacto de cualquier paralización.
El trasfondo es una temporada provincial reciente con resultados positivos. En Chubut, la zafra cerró el 14 de marzo con 89.262 toneladas desembarcadas en el puerto de Rawson, consolidando su rol como uno de los principales polos langostineros del país. A nivel nacional, la pesca genera exportaciones por más de 2.000 millones de dólares anuales, lo que refuerza su peso estratégico en la economía regional.
Sin embargo, el paso a aguas nacionales —donde se concentra el mayor volumen y mejor calidad del recurso— abre un escenario de tensión. Organismos como el Consejo Federal Pesquero y el INIDEP ya realizaron relevamientos con resultados favorables para habilitar la pesca en el sector norte, pero la falta de acuerdo gremial introduce un factor de riesgo que excede lo biológico.
Desde el sector empresario advierten que no iniciar la temporada a tiempo podría significar la pérdida de oportunidades comerciales en un mercado internacional competitivo. En paralelo, dirigentes sindicales insisten en que avanzar sin consenso podría profundizar el conflicto y generar un precedente en las condiciones laborales del sector.
Con la fecha de inicio cada vez más cercana, el desarrollo de la temporada dependerá de dos variables: la habilitación formal de la pesca y la capacidad de destrabar una negociación que, hasta ahora, no encontró punto de equilibrio. Mientras tanto, en la Patagonia crece la preocupación por el impacto económico de una eventual nueva parálisis en una actividad clave para la región.