El exministro y gestor cultural Darío Lopérfido murió en Madrid, ciudad en la que residía desde hacía varios años junto a su esposa e hijo. Vale mencionar que atravesaba una enfermedad neurodegenerativa que había hecho pública tiempo atrás y que condicionó progresivamente su vida personal y profesional.
Nacido el 5 de junio de 1964 en Buenos Aires, Lopérfido construyó una trayectoria marcada por la participación activa en la gestión pública y el debate cultural. Su salto a la escena nacional se dio durante la presidencia de Fernando de la Rúa, cuando fue designado secretario de Cultura y Medios de Comunicación de la Nación.
Desde ese cargo tuvo un rol relevante en la articulación de políticas culturales en un contexto político y económico complejo que culminó con la crisis de 2001.
Años más tarde, ya en la órbita de la Ciudad de Buenos Aires, ocupó el Ministerio de Cultura y asumió también la dirección artística del Teatro Colón, uno de los espacios más emblemáticos de la escena lírica internacional. Durante su gestión impulsó medidas orientadas a ampliar el acceso del público, como la transmisión de espectáculos en pantallas gigantes y la apertura de ensayos, además de promover una agenda que buscó combinar tradición y modernización.
Su paso por el Teatro Colón y por la cartera cultural porteña no estuvo exento de tensiones. Las decisiones administrativas, los cambios en la programación y los conflictos sindicales marcaron parte de ese período. A ello se sumaron declaraciones públicas sobre el número de víctimas de la última dictadura militar, que generaron un amplio repudio de organismos de derechos humanos, sectores políticos y referentes culturales. Aquellas expresiones derivaron en protestas y en un debate público que atravesó su gestión y que terminó por convertirlo en una figura fuertemente controvertida.
En los últimos años, radicado en España, mantuvo presencia en redes sociales y espacios de opinión, donde reflexionó sobre la realidad política argentina, la libertad de expresión y el rol del Estado en la cultura. También compartió aspectos de su vida personal vinculados a la enfermedad que padecía, con mensajes en los que combinaba crudeza y defensa de sus convicciones.