21 de diciembre de 2011
EL CLAN DE LOS RIOSECO
El tablero de Ramón
El intendente de Cutral Có tuvo un buen año: metió a su hermano como diputado y a una de sus hermanas como concejal. Las movidas de un pragmático al que no todo le salió bien
Corría 1961, el presidente era Arturo Frondizi y a unos 1.300 kilómetros de la Rosada, los Sapag colocaban la piedra fundamental del MPN, partido que de ahí en más ganaría cada una de las elecciones en las que se puso en juego la gobernación de Neuquén. Apenas un mes más tarde, los Rioseco alumbraban a Ramón, el tercero de sus cuatro hijos.
En su infancia conoció el trabajo. Pedagógico y feliz, pero trabajo al fin. Su padre era albañil y -con tan sólo 8 años- él barría el piso y le alcanzaba los baldes en los que luego se cargaba el material con el que se construían las casas, allá en Cutral Có. “Debo decir que más que trabajar, acompañaba. Pero por aquel entonces era una actividad cultural que servía para introducir a los chicos en la disciplina de las responsabilidades”, recuerda entusiasmado.
Muchas cosas pasaron desde entonces. Ramoncito mutó en Ramón, se tomó en serio el asunto de los libros, y a los 22 ya era profesor de escuela primaria. De ahí saltó a la política: primero como concejal del Frente Grande (FG), después como secretario de Gobierno del ex jefe comunal Eduardo Benítez (UCR), y luego como intendente. La alianza de aquella urbe tuvo la virtud de haber sobrevivido a la renuncia de Chacho. Pero así y todo, Ramón se fue del FG para convertirse en el líder del Frente y la Participación Neuquina. “Creo que el tiempo me dio la razón”, dice al comparar el crecimiento que tuvieron unos y otros.
Este año Ramón accedió a su segundo mandato con cerca del 75% de los votos. El MPN quedó reducido a su mínima expresión -apenas tiene un concejal en la ciudad que lo vio nacer- y él extendió su zona de influencia. De hecho, colocó a dos de sus hermanos en puestos claves: José (51) es uno de los dos diputados provinciales (que constituyen un bloque de 4, junto con los del UNE de Mariano Mansilla); y Teresa (52) es una de las flamantes concejales de NQN capital.
José es un hombre de radio que mutó en funcionario municipal (convirtiéndose en secretario de Cultura), mientras que Teresa acredita currículum como secretaria de bloque e integrante de la gestión municipal del ahora ex intendente de NQN, Martín Adolfo Farizano. Myriam, la otra de las hermanas, se mantuvo lejos de la política y cerca de Salud: trabaja en el hospital de Cutral Có.
Ramón es el estratega. El que estudia las jugadas y el que mueve las fichas tratando de avanzar. Cómo será que ni bien ganó las municipales salió a mostrar chapa de candidateable: “Un cutralquense para Neuquén” le dijo a La Tecla Patagonia cuando lo entrevistó en abril. Hoy, con las pulsaciones en calma, habla de la necesidad de lograr un armado que facilite el camino hacia la concreción de lo inédito: la alternancia en la conducción provincial.
A la luz de sus conquistas, puede decirse que el ajedrecista cierra un gran año. Pero también tuvo jugadas en las que falló. Acaso la elección del candidato a la intendencia de Huincul, ciudad vecina en la que el Frente y la Participación no consiguió hacer pie. La bendición a Andrés “Capocha” Martínez hizo que las fuerzas afines desistieran de conformar una alianza -dadas sus fluctuaciones ideológicas- y hasta lo obligó a luchar contra la impugnación. ¿El motivo? Se le cuestionaba el tiempo de residencia en esa ciudad.
Así y todo “Capocha” quedó segundo, y Ramón con la sensación de que “con otro candidato quizá podríamos haber hecho una mejor elección. Pero era lo que teníamos y consideramos que no era conveniente cambiar de caballo en medio del río”.
Ramón entiende que esa movida no fue lo único que esmeriló las chances. También influyó el apoyo a la gestión del ex intendente Alberto Crespo (UCR), a quien terminaría sucediendo Juan Carlos Giannattasio (del MPN). “Está claro que pagamos el costo político”, resume.
Primero lo apadrinó y luego lo consideró un posible error. Algo similar a lo que ocurrió con la candidatura a gobernador de Farizano, al que en junio le aseguró el triunfo en Cutral Có -50% contra el 33% de Jorge Sapag- y al que ahora considera mal intendente y por ende mal candidato. Al punto que cuando éste buscó la reelección en la ciudad capital, él honró su sociedad con el UNE.
Hombre de acción y por sobre todas las cosas pragmático, Ramón es un kirchnerista no pejotista que tiene en El Príncipe a su libro de cabecera. “Lo uso todos los días”, dice respecto del tratado doctrinario que Nicolás Maquiavelo escribió en 1513, y al que muchos han explorado a lo largo de los años. “Mi relación con Sapag es buena pero fría. Podría decir que a lo mejor no me atiende, pero hace que me atiendan sus ministros”, comenta y agrega: “Nunca le pedí nada extra porque afortunadamente tenemos superávit fiscal”.
Si sus familiares siguen incursionando en política, los Rioseco van a ser una suerte de émulos de los Sapag, bromea La Tecla Patagonia y entre risas responde: “Nooo. Todavía ni largamos”. Luego aprovecha y arremete: “Diría que el MPN es un partido agotado al que se le está apagando la luz…”. Ramón piensa de aquí a cuatro años, pero la empresa no es sencilla. Entre otras cosas porque no es fácil armar una alianza con tantos hombres fuertes dando vueltas por ahí, y porque los familiares en puestos claves también pueden denotar cierta carencia de cuadros.
La nota completa en el Revista La Tecla Patagonia número 71