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10 de noviembre de 2011
CON RESTRICCIONES

¿Por qué se demandan dólares?

Sin dudas, la noticia económica relevante de estos días es lo que está aconteciendo dentro del mercado cambiario. Las elecciones terminaron y, aun así, el “apetito” del público por hacerse de dólares no se ha calmado

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Sin dudas, la noticia económica relevante de estos días es lo que está aconteciendo dentro del mercado cambiario. Las elecciones terminaron y, aun así, el “apetito” del público por hacerse de dólares no se ha calmado. De esta manera, queda plenamente comprobado que la dinámica que se viene observando en el mercado cambiario desde hace ya varios meses no estaba principalmente causada por la incertidumbre electoral. Las causas principales de la mayor demanda de divisas
están en otro lado. A nuestro entender, la mayor demanda de divisas se debe a dos factores centrales.

Por un lado, existe hace un largo tiempo un “deterioro estructural” de la relación entre la cantidad de dólares y pesos. En efecto, la continua caída del superávit comercial, la utilización de reservas internacionales para pagar vencimientos de deuda del Tesoro y la emisión de pesos por parte del BCRA también para financiar necesidades fiscales hicieron (y aún hacen) que el dólar resultara cada día más escaso (en términos relativos a la cantidad de pesos en circulación). Por supuesto, la mayor escasez relativa de la divisa estadounidense “gatilla” expectativas de un “salto” en el precio del dólar en la plaza local y, consecuentemente, eleva la demanda. Al mismo tiempo, en un escenario caracterizado por este “deterioro estructural”, en las últimas semanas se produjo un “shock coyuntural” asociado a una profundización de la incertidumbre económica/financiera que rodea a las economías desarrolladas (principalmente, en aquellas de la zona euro). Los vaivenes de los mercados financieros y las dudas sobre el futuro económico de EE.UU. y Europa incrementaron la aversión al riesgo y, consecuentemente, provocaron un aumento de la demanda de dólares (no sólo en la Argentina, sino en casi todo el mundo).

Ahora bien, bajo libre movilidad de capitales (es decir, sin la presencia de restricciones formales o informales para realizar transacciones en divisas), el mayor deseo del público por adquirir dólares provoca o un aumento del precio del dólar en la plaza local (es decir, sube el tipo de cambio nominal) o un incremento de la tasa de interés interna o ambas cosas al mismo tiempo. Bajo libre movilidad de capitales, no es posible contener simultáneamente la suba del tipo de cambio y el incremento de la tasa de interés. Ahora bien, si las autoridades no pueden dejar que suba en forma acelerada el tipo de cambio nominal (por el efecto que dicha situación tendría, bajo las actuales circunstancias macroeconómicas, sobre la tasa de inflación) y no quieren dejar que aumente significativamente la tasa de interés (por el efecto que dicha situación tendría sobre la tasa de crecimiento), la única opción disponible es restringir la movilidad de capitales. El fuerte incremento de los controles oficiales en casas de cambio y entidades financieras sobre las transacciones cambiarias se enmarca dentro de esta estrategia.

Sin embargo, existen varios problemas detrás de esta alternativa. El primero de ellos está asociado a la “señales” que las autoridades envían con este tipo de acciones. Las mayores restricciones a la hora de adquirir dólares en el mercado formal podrían ser interpretadas como una señal de preocupación y de que existen menores márgenes de maniobra por parte del Gobierno en lo que respecta al control del mercado cambiario, lo que podría terminar incrementando el “deseo” de atesorar divisas por parte del público. Por otro lado, y aun cuando no aceleren más la demanda en lo inmediato, las restricciones a las transacciones en el mercado formal tienden a provocar un aumento del precio del dólar en el mercado informal. La razón es sencilla: aquella demanda que antes se dirigía al canal oficial ahora se dirige al canal paralelo, provocando por un aumento del tipo de cambio en dicho mercado (“señal” que también podría acelerar la demanda de divisas).

Por último, y más allá de las dos cuestiones que mencionamos anteriormente, el control de capitales tampoco parece una opción ideal para enfrentar un mayor deseo de atesorar dólares que, tal cual vimos al principio, estaría en buena medida asociado a una cuestión estructural (y no sólo a un shock coyuntural). La buena noticia de estos últimos días es que las condiciones financieras internacionales mejoraron. De esta manera, una situación internacional algo más calma (lo que no quiere decir que los problemas estén resueltos y que no vayamos a tener períodos de volatilidad financiera en el futuro inmediato), ayuda a suavizar uno de los factores que estarían detrás del aumento del deseo de adquirir divisas en la plaza local. El problema es que, aun cuando el “shock coyuntural” tienda a diluirse, la demanda de dólares seguirá relativamente elevada producto del “deterioro estructural” de la relación entre la cantidad de dólares y pesos en el mercado interno (hay que recordar que la demanda de dólares ya estaba alta antes del derrumbe financiero internacional.

En este sentido, y si bien medidas como las definidas recientemente podrían ayudar en el corto plazo, lo cierto es que no van a revertir una tendencia que lleva meses. De la misma manera que tampoco sería suficiente una decisión de re establecer lazos con la comunidad financiera internacional, para poder intentar así salir a colocar deuda en dólares a un costo razonable. Para que la demanda de divisas se reduzca significativa y sostenidamente es imprescindible que la dinámica macroeconómica intrínseca, que ha hecho que los dólares sean un bien cada vez más escaso en Argentina, se detenga. Y dicha dinámica intrínseca se va a detener sólo cuando la expansión de la demanda interna se alinee con las posibilidades de crecimiento de la oferta interna, para lo cual resulta necesario una tasa de interés incluso más alta que la observada en las últimas jornadas y una política fiscal más prudente que la verificada en los últimos años.

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