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Argentina
27 de octubre de 2011

¿Fue progresista el gobierno de Néstor Kirchner?

La muerte del principal líder del oficialismo abrió el debate en la sociedad sobre el verdadero ser del espacio político que marcó a fuego la Argentina de los últimos 8 años. El dilema progresista de Néstor Kirchner y por qué sus años en el poder se acercaron más al neoconservadurismo que a los ideales del progresismo

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Nadie como Néstor Kirchner desde su llegada al poder en mayo del 2003, intentó emparentar a su gobierno con la acción del progresismo y vociferar a los cuatro vientos que su gestión entraba dentro de los parantes de la centroizquierda nacional, lo que llevó a muchos a pensar sinceramente en la creación de un gobierno nacional y popular como el que comandaron Juan y Eva Perón en las décadas del 40 y 50, pero ¿fue en verdad el gobierno del santacruceño una gestión basada en los principios básicos del progresismo?. Repasemos un poco la historia y saquemos nuestras propias conclusiones.

Más allá de los esfuerzos descomunales mostrados por el gobierno para presentarse ante la sociedad como los únicos representantes del progresismo y de la centroizquierda a nivel nacional, lo que ha llevado a cabo con medidas a favor de los derechos humanos y los juicios a los represores, pero que en lo que respecta a lo meramente económico, no ha hecho más que seguir insistiendo con el viejo modelo neoliberal, que tanto daño le causó a la sociedad argentina en los años ’90.

A pesar del discurso progresista y lleno de felicidad que se viene proclamando desde el año 2003, la realidad muestra que para los argentinos, la pobreza y la inflación son los temas que más le preocupan y que por el momento no hacen más que brillar por su ausencia las posibles soluciones a los mismos por parte de las autoridades correspondientes.

Un presente complicado, lleno de contradicciones desde lo político e ideológico, que no hicieron mella en el amplio apoyo conseguido por la Jefa de Estado para su reelección el domingo pasado, a lo cual la muerte del máximo exponente de este modelo, dejó un vacío imposible de llenar por el resto de los dirigentes oficialistas, que obligó a la presidenta Cristina Fernández a mostrar todas sus credenciales y muñeca política para sacar adelante el difícil trance en el que se encontraba inmerso el kirchnerismo en su conjunto tras la muerte de su líder.

Sin embargo, y a pesar de la perorata a favor del cambio y el progreso, el kirchnerismo se zambulló desde su ingreso mismo a lo más alto del poder, en sostener un sistema conservador, que ha ido consolidando y profundizando con el correr de los años. Ejemplo de ello son la innumerable cantidad de medidas, proyectos e iniciativas donde se favorece a los mismos sectores concentrados de la economía de siempre, en perjuicio de los eternos perjudicados del sistema en la Argentina, es decir, las clases medias y bajas.

Entre los paradigmas K que muestran que se ha recostado plenamente sobre el conservadurismo más duro, está la alianza estratégica que viene manteniendo con los intendentes peronistas del conurbano bonaerense, quienes han sido catalogados por la población como los máximos representantes de “lo peor de la política nacional”, y que han servido de brazo político para el sostenimiento en el tiempo del modelo K.

A esto hay que sumarle el veto a la Ley de Glaciares que hizo la presidenta Cristina Fernández en el año 2008, y al voto negativo del bloque del Frente para la Victoria al nuevo proyecto de Ley para proteger los glaciares y las zonas periglaciares de la actividad minera y que hicieron peligrar la salida de esta iniciativa en el Senado de la Nación, y que ha beneficiado en demasía a las mineras multinacionales como la Barrick Gold, que lleva adelante la minería a cielo abierto en territorio nacional, y con cuyo presidente, Peter Munk, se reunió la Jefa de Estado en su visita a Canadá para participar de la cumbre del G-20 en febrero de 2010.

El pago de más de 55.000 millones de dólares en concepto de intereses de la deuda externa a los organismos internacionales de crédito, evitando formar una comisión investigadora que habilite lo legal de lo ilegal de la misma, más que una medida progresista, representa un avance aún mayor del liberalismo y conservadurismo de los años ’90, ya que ni siquiera Carlos Menem en 10 años de mandato pagó tanto como lo ha hecho el kirchnerismo desde su llegada al poder en el año 2003.

A todo esto dicho anteriormente, hay que sumarle que en el proyecto de Presupuesto 2012 que está en el Congreso nacional, el mismo tiene un apartado en el cual se destinan una amplia suma de varios millones de dólares para el pago de la deuda externa, provenientes todos ellos de las reservas internacionales que posee el Banco Central de la República Argentina. Con todas estas medidas con respecto a la deuda externa, se ve a un gobierno nacional que propone un ajuste con inflación, y tener un modelo de desarrollo con endeudamiento, contrario al ideario progresista y de la centroizquierda.

A pesar del discurso oficial que habla de la contención de la queja popular, en los últimos tiempos ha habido un proceso gradual de crecimiento de la criminalización de la protesta social, y de esto es ejemplo la persecución judicial a los miembros de la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú, el acoso a los ciudadanos de la ciudad catamarqueña de Andalgalá que pelean contra la instalación de las mineras, los sectores indígenas del norte y sur del país, los vecinos de Tartagal que pelean por un futuro mejor, etc, todos ejemplos de como el oficialismo dice una cosa de la boca para afuera y luego hace todo lo contrario en la realidad.

Las necesidades del gobierno nacional lo ha llevado al papelón internacional de meter mano en el Indec, con consecuencias de desprestigio aún incalculables y que llevará muchísimos años volver a corregirlas. Este error gigantesco en la política K, llevó a la Argentina a sufrir humillación tras humillación en el extranjero, porque en todos los países considerados serios en el mundo, las estadísticas son intocables y la manejan en su mayoría gente que está ligada políticamente al partido gobernante, para darle a las mismas una muestra de claridad notable y la sospecha sobre cualquier manipulación quede totalmente de lado.

La muerte del militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra, dejó al descubierto el encubrimiento, financiamiento y entramado del aparato de la burocracia sindical para intentar amedrentar a los opositores dentro de la Unión Ferroviaria, y que atraviesa por completo al unicato sindical que busca comandar el camionero Hugo Moyano con el apoyo total de la plana mayor del kirchnerismo.

Desde un primer momento se quiso tapar este asesinato como una virtual guerra política entre la izquierda y el sindicalismo peronista, para luego salir a tratar de despegarse del líder la UF, José Pedraza, lo que resulta imposible por el acto al que concurrió la presidenta Cristina Fernández hace sólo dos años atrás en apoyo de Pedraza dentro de la UF, lo que motivó que el propio dirigente sindical dijera durante años "apoyé a Menem como lo hizo todo el peronismo, del mismo modo que ahora apoyo a Kirchner. Y apoyé las privatizaciones de los noventa, como lo hizo todo el peronismo y también los medios de comunicación".

Entre otros hechos, bajo estos años de dominio K se reprivatizaron los contratos petroleros hasta el año 2047 en muchas provincias argentinas con el guiño del matrimonio presidencial; el veto al proyecto opositor de instalar el 82% móvil a los haberes jubilatorios; el uso indiscriminado de los fondos de la Anses para el uso político del gobierno; la falsa reactivación del sistema ferroviario a nivel nacional; la alianza con Hugo Moyano y el sindicalismo nucleado en la CGT; los más de 1.000 millones de pesos destinados al “Fútbol para todos”; etc, son ejemplos de medidas que nada tienen que ver con el progresismo, sino que más que nada están emparentadas con el conservadurismo duro.

El kirchnerismo tiene un origen soberbio, ya que desde su llegada al poder, siempre intentó ponerse por encima de los demás, creyéndose superior en todos los sentidos, lo que hizo que en el conflicto con el campo se topara contra un callejón sin salida, del cual le costó mucho salir airoso. El soberbio no permite que otro tenga razón en un tema en el cual él tiene una mirada distinta, y el temor a una derrota hizo que se llevara la situación a una tensión y a una confrontación de la cual era imposible volver atrás, ya que era a “todo o nada” y no admitía una solución a la crisis que no fuera una victoria total sobre el adversario de turno.

A un año de la muerte de Néstor Kirchner, un análisis de su gobierno lleva a ver que el doble discurso K que apuesta a la formación de la nueva política, pero mientras tanto convive y dirige a la vieja política que representan los viejos barones del conurbano bonaerense y que se suman a una serie de factores que lo han llevado a dejar de personificar el ideario progresista que tanto anhelan representar, para ser los principales exponentes de un neoconservadurismo disfrazado de popular.

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