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Lunes, 27 julio 2026
Argentina
13 de octubre de 2011
LUIS FELIPE SAPAG

La pluma del movimiento

Escritor, vicedecano de la UTN e hincha de River, el diputado electo recordó sus años como periodista de La opinión. Fue en los ‘70, cuando su padre gobernaba Neuquén

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Cuando la provincia de Neuquén transitaba por el segundo de los cinco gobiernos que condujo su padre, Luis Sapag armó las valijas y partió en busca del que sería su primer romance con uno de sus grandes amores. Recién asomaba lo que hoy se recuerda como primavera camporista, y los contactos del viejo le abrían las puertas del periodismo, allá en Capital Federal.
“Me había recibido de ingeniero, pero quería ser un buen periodista. Mi viejo (Felipe) tenía un diario (de distribución provincial) que en aquel momento se llamaba Sur Argentino y su director era Elías (hermano de Felipe y padre del actual gobernador, Jorge Augusto Sapag)”, sostuvo y, entusiasmado con la anécdota, se largó a contar: “Llamé y Jacobo Timerman (entonces director de La opinión) me dijo: ‘Venite que acabo de echar a uno que también es de Neuquén’, y le respondí: ‘Bueno, pero necesito un mes para terminar de mudarme’”.
Lo del mes era cierto. Pero lo necesitaba para aprender a escribir a máquina y encarar con mejores herramientas aquella prueba. Se largó, y a los 10 días tuvo la inenarrable satisfacción de ver su primera nota en el papel. Era un artículo de color sobre el Congreso de la Nación que, básicamente, le sirvió para dos cosas: primero, para constatar que ya estaba adentro. Y segundo, para mensurar la crispación de la oligarquía frente a los proyectos que hablaban sobre el impuesto a las rentas de la tierra y cosas por el estilo. “La nota salió firmada y entendí que no me iban a echar”.
Luis siguió en el diario hasta que la cosa comenzó a tornarse densa -los Timerman, al igual que los Sapag, sufrieron en carne propia las atrocidades de la dictadura- y en todo ese lapso vivió numerosas experiencias. “Después de un tiempo en la redacción, Jacobo volvió a llamarme y yo me dije: ‘Ahora sí, me echa’. Pero por suerte, no. Me comentó: ‘Tengo un hijo y quiero que le enseñe a escribir’. Me lo mandó y era un flaquito rubio, de pelo lacio, que hoy es el Canciller” de la Nación.
Luis y Héctor Timerman se hicieron amigos y se siguieron viendo hasta los primeros años de la década menemista. “Con el tiempo comprendí que Jacobo me apreciaba”, dijo y agregó: “En otra oportunidad me llamó a su oficina y me mostró dos notas, una era la que había escrito yo, y tenía dos páginas, la otra apenas una. La suya está bien -me apuntó- pero es muy larga, fíjese que esta -la que había escrito él- dice lo mismo… Sin dudas fue una lección de aquellas”. Jacobo murió en 1999, varios años después de que Luis lo saludara por última vez en el despacho de su tío, el ex senador Elías.
Hoy la vida de Luis tiene varias facetas. Es el vicedecano de la UTN, en Huincul; coordina ciencia y tecnología del Copade (en NQN capital), y es uno de los diputados electos del partido que fundaron sus mayores (el Movimiento Popular Neuquino, claro). Al igual que en los ‘70, está en plena mudanza: acaba de regresar a la casa de sus padres, para acompañar a su madre, Doña Chela (que dicho sea de paso entra en la charla para saludar y llevarse las tacitas de café).
El chalet de la calle Belgrano (a metros de la gobernación) es sin dudas acogedor. Bello por donde se lo mire, y con una mística difícil de empardar. “Este era el escritorio de mi viejo y está tal como lo dejó”, en marzo de 2010.
Hay escritos, fotos y presentes que sintetizan el apego de Felipe por ese lugar. La casa también tiene una parrilla, en la que Luis podrá demostrar sus dotes (“de asador ocasional”), un estupendo jardín y dos plantas, que no son precisamente verdes. En la de arriba viven él, su esposa Violeta y su pequeño de nueve años, Tahiel Jalil (que al igual que la abuela, entra saluda y se va).
“Es de la segunda saca, como solemos decir los paisanos”, comenta entre risas Luis y cuenta que de la primera tiene otros cuatro varones: Tomás (contador), Emiliano (licenciado en ciencias sociales), Gabriel (de 21 años) y Martín (pediatra) que le dio tres nietos (de 8, 6 y 4 años). “Es un placer ver jugar a Tahiel con sus sobrinos…”. Los más grandes salieron hinchas de River, como él, y con dos de ellos vivió una experiencia que merece ser contada: súper clásico en Núñez y los Sapag con entradas de favor, pero en la visitante. De repente penal para el Millo, el player que se para frente a la bocha, Luis que dice lo tira afuera, el arquero que ataja y un bostero que lo envuelve en un abrazo: ¡Gracias pelado, sos mi suerte! Se quería matar. Luis es político de raza, docente por elección y escriba por naturaleza. Es más, acaba de alumbrar un libro sobre los crianceros del norte, al que le puso tanta pasión como la que entregaba en aquellos primeros romances con la pluma.

La nota completa en el Revista La Tecla Patagonia número 61

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