14 de septiembre de 2011
ELECCIONES 2011
La consolidación del poder K antes de la elección
El analista político y director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, Rosendo Fraga, lleva adelante un pormenorizado análisis sobre el poderío del oficialismo ante una oposición que no encuentra el rumbo y que cada vez tiene menos adeptos en la sociedad
El poder político del oficialismo se fortalece sin que la oposición logre organizarse. El balance de los cinco sondeos publicados en lo que va de septiembre sobre la elección presidencial del 23 de octubre muestran que, si hoy se votara, Cristina Kichner obtendría entre 52 y 58% de los votos. El segundo lugar, a gran distancia, lo está obteniendo el candidato socialista Hermes Binner, superando en algunos puntos a Eduardo Duhalde. Pero la diferencia entre el primero y el segundo sigue entre 35 y 38 puntos.
Ante esta situación la oposición, tras haber fracasado en Diputados con el proyecto de boleta única que reduce las irregularidades electorales, ha logrado un acuerdo parcial para fiscalizar en conjunto las próximas elecciones, del que participan el PJ disidente, PRO, UCR y la Coalición Cívica.
El cambio en el Congreso antes de la elección presidencial del 23 de octubre y de que se incorporen los nuevos legisladores el 10 de diciembre, muestra los efectos de la preelección sobre el poder. El proyecto del Banco del Sur ha tenido sanción en ambas Cámaras con el voto del oficialismo y la oposición y Chávez felicitó a Cristina por ello, dado que la mayoría de los países de UNASUR todavía no han dado ese paso. Si bien la oposición fracasó en Diputados con la boleta única, pudo frenar el proyecto de ley de tierras, que tiene prioridad para la Casa Rosada. Lo hizo a partir de la Comisión de Asuntos Constitucionales que preside una legisladora del peronismo disidente (Camaño) y la de Agricultura, cuyo presidente es radical (Buryale). El oficialismo ha reaccionado y redoblará la presión para la sanción del proyecto, que para el ala izquierda del gobierno implica poder comenzar a discutir la propiedad de la tierra.
Pero el proyecto de presupuesto 2012, que entraría en la cámara baja el jueves 15, mostrará más claramente el cambio que se ha operado en el poder, ya que en 2011 el Ejecutivo, al enfrentar resistencias en el Congreso, optó por prorrogarlo por decreto. Hoy la oposición sólo busca limitar el gasto discrecional que puede realizar el Ejecutivo.
La consigna de profundizar el modelo, que es el lema central en la campaña y del discurso oficialista, es materia de interpretaciones contradictorias, sobre todo en el sector empresario. La Presidente lanza como objetivo estratégico un plan agroalimentario que busca aumentar la producción, pero al mismo tiempo el proyecto de ley de tierras implica un avance del estado para limitar la propiedad y los documentos de La Cámpora y la Gran Makro siguen planteando la estatización del comercio de granos. El proyecto de presupuesto contempla la posibilidad de acordar con el Club de París y simultáneamente el ministro de Economía (Boudou) dice que no se aceptará la supervisión del FMI y el Viceministro (Feletti) que no se volverá a la política de endeudamiento. Por un lado se hace trascender que tras las elecciones aumentarán las tarifas y al mismo tiempo el secretario de Transporte (Schiavi) lo niega. Quizás agosto, con el aumento de la confianza del consumidor y el incremento de la salida de dólares al mismo tiempo, sea una manifestación de esta dualidad.
En el campo sindical, desde La Cámpora se propone estatizar las obras sociales y Moyano advierte públicamente que el sindicalismo no va a aceptar este tipo de intervención; a su vez, el ministro de Economía transmite a la CGT que no se avanzará con este proyecto.
Pero donde no queda duda sobre lo que implica esta profundización es en el conflicto con los medios y la temática de derechos humanos. La publicidad oficial se duplicó en 2011 y en los medios afines al gobierno se multiplicó por seis; se reduce la potencia de las radios críticas al gobierno; en dos canales de TV se difunden antes de las elecciones telenovelas contra Clarín y La Nación por la compra de Papel Prensa, denunciada por el gobierno como delito de lesa humanidad; el Jefe de Gabinete sigue criticando a los medios por la difusión del caso Candela. Tampoco hay dudas en la política de derechos humanos, que se profundiza con la presencia de la Presidente en París para asistir a la entrega de un premio a las Abuelas de Plaza de Mayo, el inicio de acciones judiciales contra jueces y funcionarios civiles del gobierno militar y la crítica a los actores que trabajaron en esa época, incluido el cómico Tato Bores.
Mientras tanto el gobierno enfrenta problemas, pero la oposición no logra capitalizarlos electoralmente. El caso Schocklender vuelve a poner la corrupción en el centro de la escena política y la oposición, con diferencias, lo cita en Diputados; el Congreso da a conocer la inflación de agosto, superior a la de meses anteriores sobre todo en alimentos, y el caso Candela ha reinstalado la cuestión de la seguridad, ausente en la preelección aunque sigue siendo la primera demanda de la sociedad. Que inseguridad, inflación y corrupción irrumpan con hechos negativos para el gobierno a un mes y medio de las elecciones debería ser una oportunidad de la oposición, pero en los hechos no está resultando así.
Es que el oficialismo sigue teniendo a su favor el consumo en lo económico, la desarticulación de la oposición en lo político y además realiza un uso eficaz de los factores sentimentales o no racionales -cada vez más importantes en el mundo para definir el voto- sin que ninguno de los candidatos opositores acierte hasta ahora con fórmulas de comunicación eficaces.