El Intendente de Río Gallegos se ve asediado por los números del Municipio. Los concejales le reclaman soluciones mientras elabora un plan de salvataje. Los detalles
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El jefe comunal, Roberto Giubetich (Cambiemos), viene capeando un temporal financiero desde que asumió su mandato al frente del municipio de Río Gallegos. En sintonía con la gobernadora Alicia Kirchner, en los primeros días de gestión, habló de una comuna devastada, con graves problemas económicos y estructurales. Con el pasar de los meses, y sin mejoras evidentes, su discurso fue virando hasta estos días, en los que fue perdiendo apoyo político y debió replegarse para recobrar fuerzas, reconociendo errores y negligencias propias, y pidiendo más tiempo.
Ahora, el plan del Intendente de la capital santacruceña es hacer los deberes con Nación para obtener ayuda directa del Gobierno y no depender de la Provincia, que lo ha castigado con la nueva ley de coparticipación, que derivó en una pérdida para Río Gallegos de “aproximadamente unos $ 88 millones”, según precisó el propio Giubetich, quien se refiere a esta situación como un “ahogo financiero” de Alicia Kirchner, similar al que la Gobernadora denuncia a manos del Ejecutivo nacional para Santa Cruz.
Entre la pesada herencia y el kirchnerismo hostil, el Municipio se las ha ingeniado para evitar mayores reclamos, pese a tener retrasos en el pago a empleados, en el avance de algunas obras, y en la difusión de información sobre los movimientos de la economía.
Por otra parte, el contexto de crisis y tensión social que signó el mandato de la Gobernadora ayudó a calmar las aguas en la capital, ya que todas las miradas y los reclamos estaban puestos en Casa de Gobierno.
El detonante
La votación llevada adelante el día jueves 7 de septiembre en el Concejo Deliberante, donde se buscaba aprobar el proyecto presentado por el Ejecutivo del pre-supuesto municipal 2017, significó un duro revés para el oficialismo, con un resultado final de cinco votos en contra y tan sólo uno a favor, incluyendo las disidencias de dos ediles afines a Cambiemos (Kingma y Leguizamón), aunque más cercanos al radicalismo puro y duro que cuestiona las formas del Intendente.
Con el revés a cuestas, quien salió al cruce de los concejales que votaron por la negativa fue el único que alzó su mano a favor, Daniel Roquel, quien aseguró que se trató de “una movida política”, y habló de un previo arreglo entre los ediles “para sacarlo y rechazarlo”, al tiempo que se despachó contra sus correligionarios por protagonizar una “in-terna feroz”.
El intendente Giubetich, por su parte, decidió poner paños fríos a la cuestión y tomó nota de los reclamos vociferados por los integrantes del Concejo. En la reunión con la totalidad de los ediles, luego del re-chazo, se mostró abierto a las críticas y prometió cambios en la elaboración de un nuevo proyecto de presupuesto, al tiempo que reiteró las dificultades del municipio para conseguir sustentabilidad. Además, prometió ponerse al día con los pedidos de informe sobre ejecutados y rendiciones de 2016.
La relación con Nación
Si bien el intendente de Río Gallegos es parte del espacio UPVM-Cambiemos en la Provincia, su relación tanto con la conducción del partido por parte de Eduardo Costa en Santa Cruz, como con el Gobierno nacional, ha tenido vaivenes en estos casi dos años al mando del Municipio.
Desde la oposición critican sus frecuentes viajes a Buenos Aires (que suman 90 días fuera de la localidad), que Giubetich justifica argumentando que están “buscando un financiamiento que nos garantice funcionar mínimamente en el transcurso de lo que queda de gestión”.
En concreto, algún rédito ha podido encontrar en ese contacto permanente con Nación, golpeando puertas a Casa Rosada. A la agilización de algunas obras públicas, se le suma el envío de ATN, que ya suman cien millones de pesos, contando los cincuenta millones que se les enviaron a las arcas del municipio en enero de 2016, y los otros cincuenta millones acreditados en agosto de 2017. Una modalidad que el Gobierno nacional ha repetido con todas las localidades de su mismo color político.
Como contrapartida, el Intendente se comprometió a llevar a cabo un plan para bajar el déficit fiscal en el mediano plazo (2019), y así acomodar las cuentas para lograr credibilidad y no perder la conducción política en un año que será clave para el oficialismo nacional. Sin embargo, las medidas que tome pueden convertirse en un arma de doble filo, ya sea achicando la planta de personal o recortando presupuesto de algunas áreas.
Por ahora, los números rojos acechan a Giubetich, que pierde la confianza de propios y ajenos. Dependerá de su capacidad de gestión si logra sortear la crisis y salir airoso para levantar su imagen y no perder más terreno.
Nota completa en la revista La Tecla Patagonia N 354