24 de febrero de 2011
UN HOMBRE POLÍTICO
Pichetto: El otro costado del senador
La lengua filosa del kirchenrismo asegura que en El Cóndor encontró su lugar en el mundo. Sus gustos, hobbies y distracciones. ¿Qué hay detrás de uno de los personajes centrales del FpV?
Oriundo de Banfield, no proviene de una familia de políticos. Algunos rumores aseguran que su primer acercamiento a este ámbito tuvo que ver con una noviecita de la adolescencia que conoció en la escuela y que militaba en el PC de Banfield.
Pero el destino le tenía preparado un futuro político en Sierra Grande, localidad ubicada al sudeste de la provincia de Río Negro. Allí comenzó a trabajar como abogado laborista, tras culminar la carrera en la Universidad Nacional de La Plata.
En ese lugar atendió a los trabajadores de la minera antes de que se convirtiera en una de las primeras empresas públicas deficitarias cerradas por el ex presidente Carlos Menem. Esto le posibilitó resolver su economía y comenzar a meterse de lleno en la tarea política logrando la intendencia de esa ciudad en 1985.
En 1987 se trasladó a Viedma, lugar en el que quedó asentado y fue electo diputado provincial. A pesar de esto sigue manteniendo el padrón electoral en Sierra Grande.
Está casado y tiene dos hijos. Conoció a su mujer Teresa siendo estudiante en La Plata. Al llegar a Río Negro ella trabajó muchos años como maestra jardinera. De su hija mujer no se sabe demasiado. Pero sí de su hijo varón, Juan Manuel, ya que se desarrolla como gerente del Fondo de garantías de la ANSES.
Hasta hace un tiempo Pichetto y su familia habitaron una casa ubicada a cuadras de la costanera en la capital viedmense. Fuentes consultadas dijeron que actualmente se encuentra alquilada. Pero que sí continúa utilizando un despacho emplazado en el casco histórico de la ciudad en donde realiza reuniones laborales.
De todas maneras, aseguran que los fines de semana -y en tanto su trabajo se lo permita- regresa a la provincia en la que vivió antes de ser electo senador, pero que no tiene un punto fijo. A veces, para en Viedma y otras en Bariloche. Todo depende de los tiempos con los que cuente para viajar y lo que demande su agenda laboral.
Su propio Shangri-La
Según afirman varios allegados, su lugar en el mundo está en El Cóndor, el balneario de La Boca que queda a 30 km de Viedma capital. Dicen que lo enamoró la naturaleza y la tranquilidad del lugar. Allí tiene su casa de verano en la que se reúne con amigos a comer asados y discute sobre política.
Es una persona que tiene varios amigos, “aunque a veces su profesión lo condiciona”. Una de las amistades más importantes la tiene con su socio de Sierra Grande, Víctor Nieva.
Para los vecinos, es cotidiano verlo realizar sus habituales caminatas. Muchos aseguran que se lo ve muy distendido vistiendo “ropa deportiva, como por ejemplo un jogging azul de las tres tiras”. También elige la Costanera en la Capital y frecuenta la Pista de Salud, lugar en el que hace ejercicios regularmente.
Es que Pichetto es un hombre que se cuida de manera rigurosa. Hace muchos años dejó de fumar y es moderado en las comidas. Si va a un restaurante elige “Sal y Fuego”. Entre sus preferencias está la sopa de verduras y pastas livianas con aceite de oliva. Carnes rojas come pocas. No exagera. Generalmente, si se come asado, prefiere pollo.
Si en cambio pide algo para tomar, elige el café y se lo ve siempre en mesas en las que se está hablando sobre política.
Es un aficionado a la natación. Siempre se destacó como nadador en playas abiertas, incluso en Sierra Grande, cuando abrió Playas Doradas, se tiró al agua a rescatar a una persona que estaba ahogándose. Dicen que este episodio es siempre relatado por el senador.
Es hincha de Banfield. Aunque cuenta con un pasado poco conocido en el fútbol, fue arquero de las divisiones inferiores del cuadro de sus amores, pero dicen que mostró más ductilidad atajando las denuncias de la oposición en el Senado, que cortando centros en una cancha.
Pichetto no es ni “facebookero” ni “twittero”. Aunque el Twitter lo maneja él no lo sigue constantemente por el teléfono. Es un ávido lector, le gustan mucho las novelas policiales y las biografías políticas. También lee “prolijamente los diarios”. Y en la TV sólo mira películas o programas de índole político. Le gustan los films menos taquilleros y aseguran que “puede describir películas de hace mucho tiempo y recordar la música y la ambientación al pie de la letra”.
Los vecinos dicen que no es una persona simpática, pero que en la conversación es muy agradable y que “existe un Pichetto mucho más frío: el político. Pero también hay un hombre más dado y más profundo que no rehúye generar un lazo de confianza o de amistad”.Es cotidiano encontrarlo caminando por la calle, en la verdulería o en la panadería. Muchos afirman que el senador es visto “como un vecino más”.
Es raro que alguien lo llame por el nombre de su cargo, pero tampoco tiene apodos. En general, lo llaman por su nombre de pila o por su apellido. En un entorno más íntimo dicen que no es muy efusivo pero que, a su modo, sabe transmitir cierto afecto. Y que en el ámbito laboral, lo enojan muchísimo las personas desprolijas y, sobre todo, los políticos part time.
Es un hombre sumamente prolijo, disciplinado y austero. Dicen que es tan meticuloso con su trabajo que nunca deja de ser político. “Convive con eso durante todo el día. Desde que se levanta hasta que se acuesta. Para Miguel es difícil la separación”, subraya una persona muy cercana al senador.
Nota completa en la revista Nº 28 de La Tecla Patagonia