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Argentina
11 de octubre de 2015
CONTINúAN LOS RECLAMOS

La crisis frutícola en primera persona

Los chacareros dieron testimonio del complicado presente que atraviesa la actividad. No sienten que la “tradición” familiar logre traspasarse a la cuarta generación

La crisis frutícola en primera persona
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Los productores del sector frutícola siguen sin encontrar respuesta a sus reclamos, y la situación se torna cada vez más complicada. En una nueva movilización, con bloqueo total de yacimientos petroleros incluidos, no escatimaron en críticas hacia el Gobierno nacional. En este marco, y en una charla amena con La Tecla Patagonia, los chacareros recordaron su historia de vida, el lazo que los une con la actividad, y contaron cómo viven la crisis.

Miguel Napolitano y Mario Cerezuela pertenecen a la tercera generación familiar de productores frutícolas, y a diario se esfuerzan por darle continuidad a lo que definieron ya no como una empresa familiar, sino como “una tradición”. Ambos tienen sus respectivas chacras en la localidad de Mainque, y coinciden en que no saben hasta cuándo van a poder sostener la crítica situación.

“Yo recorro todo el Valle, y la verdad me da mucha impotencia ver la cantidad de chacras en las que no se está trabajando”, comentó Cerezuela, cuyos abuelos fueron los fundadores de la conocida fábrica de conservas Comai.

Al igual que su par, coincide en que la crisis a la que se llegó no es por una sola causa y, además, viene desde hace mucho tiempo. Y entienden que el precio del dólar, la presión tributaria, las cargas sociales y los costos elevados son algunas de las cuestiones que profundizan la falta de rentabilidad de la fruticultura.

“Estamos muy maltratados, por el sistema político que existe el autónomo en general está muy castigado, desamparado y no hay nada que nos respalde”, comentó Napolitano. “Siento que uno está solo, y que pelea de acuerdo a la fuerza que tiene. Algunos siguen luchando, otros en cambio ya están aflojando”, añadió.

A su vez no mostró confianza en que la situación, a futuro, pueda llegar a cambiar. “Ese es el problema más grande, ya no hay esperanza, recibimos muchos golpes, entonces nuestros hijos no van a seguir. Por ahí estamos equivocados, pero es lo que sentimos”, explicó.

En la misma línea se expresó Cerezuela, quien dijo que no sabe si podrá afrontar un año más de crisis. “Voy a llegar bien a la cosecha pero si no tenemos una buena rentabilidad no creo que podamos continuar en los próximos años”, comentó.

“La verdad no sé cómo describir lo que me provocaría tener que dejar esta actividad”, pero para ilustrar lo que estamos atravesando “puedo poner un ejemplo”, señaló. Y contó que “después de que falleció mi padre hubo hermanos que recibieron alguna chacra como reparto de la herencia”. La cuestión es que “una persona que había comprado una de ellas me la ofreció para vendérmela, y la verdad que no estoy en condiciones de comprar nada. Pero me da mucha nostalgia no poder hacerlo, porque eso fue de mi padre. Y es duro porque pienso que ahí dejaron la vida mis abuelos para que uno pudiera estar bien hoy, y no lo podemos sostener”, concluyó.



MARIO CEREZUELA: “Hoy es imposible pedir créditos”

Mario Cerezuela es un productor de la localidad de Mainque y Cervantes, y en una charla amena con La Tecla Patagonia contó su historia familiar vinculada a la actividad frutícola.

“Conmigo somos la tercera generación. Vinieron mis abuelos de España, tanto paternos como maternos, y se dedicaron siempre a la agricultura. Fueron los fundadores de Comai, una fábrica de conservas donde hacían tomate en lata, dulce, duraznos en almíbar, en fin, todo ese tipo de cosas”, comentó.

Pero explicó que “con el transcurrir de los años en algunas de las debacles se terminó cerrando porque se fundió, pero era una empresa que le daba trabajo a más de 300 personas. Y después seguimos siempre en la fruticultura, mis abuelos, mi padre, y ahora yo”.

Sobre las crisis que a lo largo de los años fue tolerando el sector, Cerezuela señaló que “mi padre contaba que en sus inicios había tenido algunas crisis, pero argumentaba que antes era más fácil poder sobreponerse. Siempre planteaba que antes, en los años ‘50 o ‘60, iban al banco y no tenían mayores inconvenientes, obtenían líneas de crédito muy accesibles con muy poco papelerío y se podía continuar si había algún traspié o cosas así”.

En cambio “hoy por hoy es casi imposible ir a un Banco a pedir créditos para poder afrontar alguna crisis, pero todos pasaron determinadas dificultades dentro de la
fruticultura”. Y “la verdad me da mucha impotencia ver la cantidad de chacras en las que no se está trabajando”, expresó en relación al sentimiento que le despierta la difícil situación que sufre la fruticultura.


MIGUEL NAPOLITANO: “Es perder una tradición familiar”

“Mis abuelos son inmigrantes italianos, vinieron a fines de los ’50 y se dedicaron más a la vinicultura que a la fruticultura. Después cuando esta actividad acá no prosperó nos volcamos todos al sector frutícola. También hicimos algo de horticultura como tomate, papa y cebolla”, comentó en diálogo con La Tecla Patagonia, Miguel Napolitano, al referirse a la historia que tiene la familia en el desarrollo del sector frutícola. Pertenece a la tercera generación de productores.

“Mi abuelo fue la primera, mi viejo continuó con las bodegas hasta el ’73, después se separó de mi abuelo y arrancó por su cuenta con la fruticultura”, contó.

En cuanto a si la crisis que hoy padece la actividad atravesó las distintas generaciones, Napolitano sostuvo que “los propios cambios de gobierno y de política económica hacen que tenga altibajos”, pero antes en estas etapas negativas “era solamente subsistir, como le pasó a mi abuelo y a mi viejo”.

En cambio “hoy tenés un montón de responsabilidades, hay muchos impuestos, exigencias, es más complicado porque hay que cumplir con muchos requisitos”, señaló al diferenciar las características de las crisis que tuvo que sufrir cada generación.

Sobre el sentimiento que le provoca ver en esta situación a una actividad que se transformó en una herencia familiar, Napolitano se sinceró, y señaló que “esto es como perder una tradición familiar, por situaciones que se tienen que cortar, y se cortan, porque son pocos los que van quedando”.

Y “yo digo que tanto mis sobrinos como mis hijas no creo que sigan, así que ahora hay un final, porque no creo que alguien siga si no cambia la situación. Incluso yo les voy a decir que no sigan”, añadió.


Nota completa en edición Nº 262 de revista La Tecla Patagonia

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