7 de octubre de 2010
CUáNTO CUESTAN
Las cárceles de Sapag
El presupuesto de este año le asigna 40,6 millones de pesos a los servicios carcelarios. El gobierno ha dicho que el gasto real se aproxima a los 64,5 millones. En la provincia hay solo 588 detenidos a los que se les destina unos 9 mil pesos por mes
¿Qué tienen en común Tom Hanks y el Sistema Penal de Neuquén? Naturalmente, la respuesta es Wilson, porque así se llamaba la pelota que acompañó al actor en la película Náufrago, y porque así bautizaron -en esta provincia- al muñeco que “vigilaba” desde una de las garitas de la Unidad Nº 11, cuando se fugaron dos presos. Pero las coincidencias no se agotarían ahí, ya que todo parece indicar que, al igual que el comediante, el servicio carcelario navega en un mar de dudas, sospechas y presuntas irregularidades.
El sistema, a cargo de la secretaría de Estado de Seguridad, es objeto de denuncias como las que suele realizar la Asociación Zainuco (consagrada a la defensa de los derechos de quienes se encuentran privados de la libertad) y de diversos cuestionamientos (que algunos ensayan desde el anonimato y otros con nombre y apellido).
El acceso a la información no es precisamente sencillo. De hecho, una ex funcionaria de la dirección de Coordinación Penitenciaria, aseguró que ni siquiera pudo llegar a ella cuando pertenecía a ese organismo. Pero los datos existen y en verdad, sorprenden. Veamos.
Las cifras
Según dijeron a La Tecla Patagonia desde esta Secretaría, la población actual es de 588 reclusos distribuidos en 8 unidades, que a su vez son atendidas por 547 personas entre funcionarios, agentes, directores y demás. El tal Wilson, que sin éxito pero con enorme repercusión vino a suplir la escasez de efectivos, ya no está entre ellos.
A toda esa estructura se le asignó una partida de 40.638.805 pesos en el presupuesto provincial de este año. La cifra representa poco menos del 10% de los 478.989.702 de pesos que el gobierno le destina a todo el servicio de Seguridad, pero comienza a llamar la atención cuando se la compara con la cantidad de internos (que, como se ve, no son tantos).
Solo en el presupuesto aprobado por la Legislatura neuquina, ese universo de reclusos le demanda a la provincia una inversión mensual de 3.386.567 pesos, algo así como 5.759 pesos por cada uno al mes. Pero a eso hay que sumarle las partidas que están contempladas en otros organismos del Estado, tal como lo hizo ver aquella ex funcionaria.
Eso explicaría las diferencias que existen entre lo presupuestado y el monto -sensiblemente superior- al que hace unos meses se presentó como la erogación real. En marzo último, desde la propia Secretaría se difundieron los gastos que representaba la población carcelaria que
-al momento de relevarse- era de 596 internos. Se supo, entonces, que le demandaban unos 64,5 millones de pesos al año a la provincia.
No haga cuentas: en ese momento representaba poco más de 5,37 millones de pesos por mes; es decir, unos 9 mil pesos por cada preso, que a su vez, demandaron unos 300 pesos por día.
Saladito ¿no? Sobre todo si se los compara con los 3.400 pesos que -según la asociación Unidos por la Justicia- gastaba el Servicio Penitenciario de la provincia de Buenos Aires por preso y por mes, en 2009. Fuentes del organismo bonaerense confiaron a La Tecla Patagonia que este año la inversión no supera los 4 mil pesos por interno. Una cifra bastante inferior a la que se maneja en Neuquén. Tal es así que cuando trazaron la comparación -veloz y sin entrar en mayores detalles- se dijeron “sorprendidos”.
Con tantos recursos, la incorporación del estático Wilson al sistema penal neuquino es todo un misterio (no provincial, sino nacional). Sobre todo porque una de las excusas que se escucharon en aquel momento referían a cuestiones presupuestarias.
¿No alcanza?
Pero cómo, ¿el presupuesto es millonario y no alcanza? Dicen que para muestra basta un botón: el diputado Rodolfo Canini (Une-MUN-Ps) aseguró a este medio que durante una visita que realizó a la Unidad 11, los detenidos se quejaron por la calidad de la comida que les servían.
“Hice unas preguntas entre el propio personal carcelario y me dijeron que por lo que se factura tendrían que servirles caviar”, sostuvo el legislador y agregó que “cuando les correspondía pescado, les daban arroz con un poquito de atún”. A simple vista, demasiado poco para un sistema que supuestamente destina unos 9 mil pesos mensuales por cada interno. Desde entonces, Canini analiza la posibilidad de presentar un pedido de informes, para que la administración del gobernador Jorge Sapag detalle cómo se distribuye semejante erogación. Si no lo hizo hasta ahora es porque, según indicó, no tuvo tiempo.
“Una cosa es lo que figura en los papeles y otra muy distinta lo que ocurre en la realidad”, sostuvo aquella ex funcionaria
-profesional, ella- y aseguró que “cuando alguien quiere conocer un poquito más comienzan a cerrarse las puertas”. Esto y la “indiferencia oficial” frente a los reclamos de cambios en el sistema penitenciario la decidieron a pegar el portazo.
Pero si se fue ¿por qué pide que su identidad no sea publicada? Sencillo: porque trabaja en otro organismo del Estado y teme eventuales sanciones.
Se dice que las comparaciones son odiosas y en verdad lo son. Pues bien, aquí va una: el presupuesto aprobado por los diputados de Neuquén contempla 1.852 millones de pesos para la Educación. Es cierto que la cifra representa un aumento del 11,4% respecto de 2009 y una inversión de 9.200 pesos por alumno. Pero vayamos a la lectura odiosa: viéndolo desde otro ángulo puede decirse que se invierte en los escolares una cifra similar a la que se les destina a los presos.
El de los reclusos es, precisamente, un dilema provincial. En Neuquén las penitenciarías están bajo la órbita del mismo organismo que tiene a su cargo a la Policía y eso genera críticas. Hay sectores que reclaman la creación de un servicio de ejecución penal “que venga a darle respuestas a un estado de transitoriedad crónica”. Y hay otros que denuncian malos tratos contra los detenidos; entre ellos, uno de los que fugó gracias al muñeco con cabeza de pelota.
Algunos argumentan que la policía carece de idoneidad para cuidar presos, no sólo por la preparación de los efectivos de la fuerza, sino por el perfil de los delincuentes, muchos de los cuales cometen delitos de extrema gravedad. Otros, como la coordinadora y ex presidenta de Zainuco, Gladys Rodríguez, entienden que “las cárceles sirven para ganar dinero” ya que representan algo así como “la facilidad que tienen los gobiernos para hacer caja”.
Según dijo Rodríguez a esta revista, los penales neuquinos no tienen inconvenientes de hacinamiento, como los de la provincia de Buenos Aires (con sus peleas, motines y hasta homicidios tumberos). “El problema que hay acá es la represión y el estado de abandono en que están los presos por parte del Poder Judicial y que conlleva naturalmente al abuso policial”, dice a quien quiera escucharla.
Considera que hay “mala alimentación” (la misma realidad con la que se topó el diputado), que “no se cumplen las normas o regímenes de comida” y que la salud “hace agua por los cuatro costados”.
También es crítico el diputado José Luis Saez (UCR), quien al ser consultado por La Tecla Patagonia aseveró que “el sistema no funciona como corresponde”. Tendría que apuntar a la resocialización” de quienes han incurrido en el delito, “pero evidentemente no es así”.
Casos insólitos
Las cárceles son, además, escenarios de episodios que coquetean con lo desopilante. Cómo será que hacia fines del último año se supo que la Fiscalía para Delitos contra la Administración Pública había comenzado a investigar la supuesta salida ilegal pero “autorizada” de presos de la Unidad 12.
¿Ilegal pero autorizada? En efecto: la causa se abrió para establecer si, como se presume, los detenidos obtuvieron beneficios a cambio del pago de dinero en efectivo. Se habla de salidas transitorias (por no más de algunas horas), con todo lo que ello sigifinica no sólo para el sistema que debe velar por su encierro, sino para la comunidad en la que éstos cometieron sus delitos.
Los capítulos difíciles de explicar no se agotan en Wilson -quien salió del ostracismo en julio último- ni en estas aparentes salidas bajo la “atenta mirada” de quienes habrían hecho “la vista gorda”. Nada de eso, también incluyen al archifamoso culebrón de Senillosa, con su cuento de nunca acabar.
Se sabe que la historia comenzó a escribirse allá por 2003, cuando el gobernador era Jorge Sobisch. Pero también es cierto que Sapag no tuvo soluciones para este faraónico emprendimiento, cuyo presupuesto oficial saltó como por arte de magia de los 40 millones de pesos iniciales, a los más de 70 millones actuales.
En julio de 2009, un mes después de que se entregara el dossier oficial que admitía graves problemas en la construcción, Sapag, funcionarios y arquitectos analizaron las instalaciones y fue a partir de ahí cuando el gobernador ratificó “la solidez técnica” del nuevo edificio.
El tiempo pasó y hace unos pocos días, el jefe de Policía, Juan Carlos Lepén, le agregó un condimento extra a la cuestión: dijo que “el constructor” no había “tenido en cuenta las medidas de seguridad”. En fin.
Para despejar las dudas que todas estas denuncias -y las cuestiones presupuestarias- despiertan en la sociedad neuquina, La Tecla Patagonia pidió una entrevista con el titular de la secretaría de Estado de Seguridad. Pero el ingeniero Guillermo Pellini jamás respondió, y exactamente lo mismo hicieron los funcionarios de la Gobernación.
Es cierto que parte de los gastos salen publicados en el Boletín Oficial, y que gracias a él se supo que este año, la gestión Sapag llamó a licitación pública para la compra de colchones, frazadas y almohadas destinados a los internos. Pero con eso alcanza.
Otro de los llamados a licitación remite a la adquisición de camperas de abrigo y tricotas, para el personal del cuerpo penitenciario. Pero eso sólo justificaría una mínima parte de la erogación total, como también lo haría la autorización de la prórroga del alquiler del inmueble, donde funciona la dirección de Unidades de Detención de la Jefatura de Policía.
Respecto de la alimentación de los detenidos, se conocieron dos licitaciones: una para la adquisición de 25.000 raciones comunes y especiales, y otra para la compra de 100.000 raciones comunes y 1.400 especiales. Este medio intentó profundizar al respecto para conocer el costo de cada vianda y los alimentos que contienen. Pero las puertas volvieron a cerrarse una vez más.
Los legisladores de la oposición tampoco tienen demasiado éxito cuando quieren correrle el velo al silencio. Sin ir más lejos, el diputado Marcelo Inaudi (UCR) presentó un pedido de informes. No preguntó por las erogaciones que están calculadas en el presupuesto que se les destina a las cárceles provinciales, sino por “el asunto” de Senillosa, pero “jamás le respondieron”.
“Es extraño lo que ocurre con esa cárcel” (que está construida pero no se usa), dijo el legislador durante una charla con esta revista y reforzó: “Hace tiempo que lo presenté y todavía estoy esperando que me lo respondan”.
El colapso
En marzo último la provincia había dicho que el sistema carcelario estaba al borde del colapso y que sólo quedaban 46 plazas disponibles. Nada más. “Tenemos casi todas las comisarías saturadas”, comentó por aquel entonces el secretario Pellini.
Hoy las cárceles continúan en la mira no sólo porque aquella entidad de derechos humanos afirma que el colapso no existe, sino también porque el sistema no funciona como se entiende que debería funcionar, pese a que la relación es prácticamente de un empleado (o autoridad) por cada detendido.
Silenciosos, altos y fríos los muros de los pabellones neuquinos no sólo mantienen “a la sombra” a quienes deben pagar sus deudas con la sociedad. Hay quienes entienden que también encierran “algunos” interrogantes.
Se esperan respuestas. Pero al menos hasta el momento, se escuchan unas pocas certezas, matizadas con interpretaciones que en verdad resultan bastante particulares.
Cómo será que una de las autoridades penales consultadas por La Tecla Patagonia dijo que el ya emblemático caso del “agente Wilson” puede tomarse de dos formas diametralmente opuestas: para la burla como lo haría “la chusma” o con seriedad, para lo cual trazó un extraño paralelo con “la robótica alemana” al servicio de la seguridad.
La nota completa en esta edición de Revista La Tecla Patagonia