En la industria televisiva estadounidense existen numerosos casos de actores y actrices que, tras alcanzar la fama gracias a series de alto rating, decidieron abandonarlas y enfrentaron dificultades para mantener el mismo nivel de relevancia.
Shelley Long interpretó a Diane Chambers en Cheers y abandonó la comedia en su punto álgido para apostar por el cine, pero no logró replicar el éxito y su carrera en la gran pantalla no despegó de la misma forma.
Suzanne Somers, protagonista de Three’s Company, salió tras una fuerte disputa salarial por igualdad de sueldo con su compañero masculino; su rol se redujo drásticamente y su presencia en televisión mainstream se diluyó durante años.
Katherine Heigl, conocida por su papel en Grey’s Anatomy, dejó la serie criticando abiertamente los guiones y las largas jornadas de trabajo, y aunque continuó trabajando, su imagen y oportunidades en Hollywood se vieron afectadas.
Charlie Sheen, estrella de Two and a Half Men, vivió una salida marcada por conflictos públicos con los productores que puso fin a su etapa de mayor éxito televisivo, aunque intentó regresar con otros proyectos.
Mischa Barton, de The O.C., abandonó la serie adolescente que la catapultó a la fama internacional y posteriormente reconoció que el proyecto no cumplió sus expectativas artísticas, con una carrera posterior irregular.
Janet Hubert, la tía Viv original de The Fresh Prince of Bel-Air, salió por tensiones contractuales y creativas, y quedó relegada a ser recordada principalmente por ese rol, con pocas oportunidades posteriores de similar calibre.
Valerie Harper abandonó Valerie (luego renombrada) tras una disputa salarial; ganó un juicio, pero su presencia como estrella de televisión nunca recuperó el mismo nivel.