Judith Barsi es el caso más claro y brutal. La joven actriz infantil de los 80, fue asesinada en 1988 por su padre, József Barsi, que también mató a la madre de la nena y después se suicidó. Tenía 10 años. Por ese entonces, habían denunciado violencia en la casa, sin embargo, el sistema no llegó a tiempo.
Un caso mediático que lleva años sin resolverse, fue el de JonBenét Ramsey, era una niña de 6 años coronada en concursos de belleza. Apareció muerta en su casa de Boulder en 1996, la investigación apuntó durante años al entorno familiar, pero nunca hubo condena. El crimen sigue sin resolver. Hablar de “asesinato a manos de la familia” como hecho cerrado no se sostiene: hubo sospecha, pero nunca una sentencia.
Por su parte, Gary Coleman, el rostro de Diff’rent Strokes, no murió asesinado por sus padres. Murió en 2010, a los 42, por una hemorragia cerebral después de una caída. Lo que sí está documentado es el conflicto con Willie y Sue Coleman: lo adoptaron, manejaron su carrera y él los demandó al descubrir que de un fondo estimado en millones le quedaba una fracción. Un juez le dio la razón. La herida fue económica y afectiva.
Skye McCole Bartusiak, actriz de The Patriot y Boogeyman murió en 2014, a los 21, por una sobredosis accidental. Vale mencionar que la encontró su madre.
En estos casos, la fama llegó demasiado pronto, los adultos administraron plata y agenda, y los chicos sin red llegaron a finales fatales.