15 de marzo de 2026
ESCENARIO
Guerra, petróleo y crisis energética: el inesperado lugar que gana Vaca Muerta
La escalada del conflicto en Medio Oriente sacude los mercados petroleros y eleva los precios del crudo. En ese escenario, el shale argentino gana protagonismo como proveedor alternativo de petróleo y gas.

La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a sacudir el mercado energético global y abrió un nuevo escenario de volatilidad para el comercio internacional de petróleo y gas. En medio de ese contexto de incertidumbre, Vaca Muerta comienza a consolidarse como uno de los pocos polos de producción en expansión, posicionándose como un punto de estabilidad dentro de un sistema energético cada vez más tensionado por los conflictos geopolíticos.
La crisis se profundizó a partir del 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel llevaron adelante ataques aéreos coordinados contra objetivos estratégicos en Irán, incluyendo instalaciones nucleares, infraestructura militar y miembros de la cúpula del régimen. La ofensiva provocó la muerte del líder supremo iraní Ali Khamenei y desató protestas internas en ese país.
La respuesta de Teherán fue inmediata. Irán lanzó sucesivas oleadas de misiles y drones contra Israel, bases militares estadounidenses en el Golfo y distintos puntos de infraestructura energética en países aliados de Washington, entre ellos Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Catar.
La escalada terminó impactando directamente sobre uno de los corredores energéticos más importantes del mundo: el Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo transportado por vía marítima y aproximadamente una quinta parte del comercio global de gas natural licuado (GNL).
El cierre de esa vía estratégica provocó una de las mayores disrupciones recientes en el mercado petrolero. El precio del crudo Brent superó los 100 dólares por barril a comienzos de marzo y llegó a alcanzar picos cercanos a los 120 dólares, mientras los mercados comienzan a descontar un escenario de escasez prolongada.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que las interrupciones en la oferta podrían representar una pérdida de hasta 8 millones de barriles diarios durante este mes, lo que impacta directamente en la inflación global, los costos del transporte y las cadenas de suministro.
Algunos analistas incluso advierten que un conflicto prolongado podría llevar el precio del petróleo a niveles cercanos a 150 dólares por barril, con efectos que se extenderían desde el costo de la energía hasta los precios de los alimentos y la actividad industrial.
En este escenario de fuerte volatilidad, el desarrollo del shale en Argentina aparece cada vez más como una fuente alternativa de suministro relativamente estable.
La producción petrolera del país alcanzó en el arranque de este año un récord de 882.200 barriles diarios, lo que representó un crecimiento interanual del 16,5%, impulsado casi en su totalidad por la expansión de los recursos no convencionales de la cuenca neuquina.
Dentro de ese crecimiento, Vaca Muerta registró un incremento de producción cercano al 35,5%, consolidándose como el principal motor del sector energético argentino en un contexto en el que los yacimientos convencionales continúan en declino.
El tipo de crudo que se produce en la formación —liviano y con bajo contenido de azufre— resulta especialmente atractivo para las refinerías internacionales, ya que es más fácil de procesar que otros tipos de petróleo pesado.
Para los analistas del sector, la actual crisis geopolítica incorpora una fuerte prima de riesgo en los precios internacionales del petróleo y el gas, lo que abre oportunidades para productores capaces de expandir su oferta.
“La guerra en Irán está inyectando una prima de riesgo geopolítico en los mercados globales, por lo que los precios del petróleo y gas han subido”, señaló Ernesto Díaz, vicepresidente para América Latina de la consultora energética Rystad Energy. Según explicó, en ese contexto Argentina podría beneficiarse con mayores ingresos por exportaciones de hidrocarburos gracias al crecimiento de Vaca Muerta.
Las proyecciones del sector energético apuntan a que el país podría alcanzar durante 2026 un superávit comercial energético cercano a los 10.000 millones de dólares, impulsado por el aumento de la producción y las exportaciones de petróleo y gas.
El crecimiento de la cuenca neuquina también comienza a reflejarse en nuevos acuerdos comerciales y proyectos de exportación.
A comienzos de marzo se firmó un contrato de ocho años para exportar gas natural licuado (GNL) a Europa, que contempla el envío de dos millones de toneladas anuales provenientes de la producción de Vaca Muerta. Se trata del mayor acuerdo de exportación de largo plazo firmado por Argentina en materia de GNL, y marca un paso clave en la estrategia del país para consolidarse como proveedor energético internacional.
La crisis en Medio Oriente también generó nuevos movimientos en el mercado asiático. India, afectada por interrupciones en sus suministros desde el Golfo y con reservas que cubren apenas 10 días de consumo, realizó compras de emergencia de gas argentino proveniente de Vaca Muerta.
Para asegurar el abastecimiento, empresas indias ya están pagando hasta 400 dólares adicionales por tonelada respecto de los precios habituales del mercado internacional. Algunas compañías argentinas ya concretaron envíos y analizan ampliar los volúmenes de exportación hacia ese destino.
En paralelo, continúan avanzando obras de infraestructura destinadas a fortalecer la capacidad de transporte de hidrocarburos desde la cuenca neuquina. Entre ellas se destacan mejoras en los sistemas de gasoductos y oleoductos que permiten reducir la exposición a fluctuaciones del mercado internacional y garantizar el abastecimiento interno.
Mientras varios productores del Golfo enfrentan daños en instalaciones, riesgos logísticos y exportaciones interrumpidas, la posibilidad de ampliar rápidamente la producción desde Vaca Muerta —junto con proyectos de plantas de GNL flotantes para exportación— comienza a posicionar a Argentina como un proveedor cada vez más relevante en el mercado energético global.
De todos modos, el escenario también presenta desafíos. Aunque los precios altos del petróleo pueden favorecer a los países exportadores en el corto plazo, una crisis prolongada en Medio Oriente podría impactar en la economía global y elevar los costos de importación de otros bienes para países como Argentina.
Al mismo tiempo, el desarrollo de Vaca Muerta continúa enfrentando debates vinculados al impacto ambiental de la explotación no convencional, particularmente en relación con el uso intensivo de agua y la actividad sísmica asociada al fracking.
Con el conflicto en Medio Oriente entrando en su tercera semana sin señales claras de desescalada, el crecimiento de Vaca Muerta comienza a reflejar un cambio más amplio en el mapa energético global: el creciente peso de los recursos de América Latina como contrapeso frente a la fragilidad de las regiones tradicionalmente dominantes del mercado petrolero. Para Argentina, el desarrollo del shale no solo representa una oportunidad económica, sino también la posibilidad de ofrecer certidumbre energética en un mundo cada vez más inestable.