Intervención de EE.UU en Venezuela: ¿Cuál será su impacto en Vaca Muerta?
Qué cambia a niveles de producción y de inversión local a partir de la apropiación de la industria petrolera venezolana por parte del país del norte
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La madrugada del primer sábado del año quedó en la historia por una situación internacional que parecía utópica en América Latina. Una operación militar estadounidense fue desplegada en territorio venezolano y desplazó a Nicolás Maduro del centro del poder político de Venezuela, llevándoselo a Estados Unidos para ser juzgado por presuntos delitos, entre ellos tráfico de drogas. Pocas horas después, Donald Trump confirmó lo que se intuía: el objetivo no fue humanitario ni institucional, sino económico y estratégico. El petróleo como eje de la intervención. Y esa certeza generó incertidumbre en la industria hidrocarburífera mundial. Para la Argentina en general, y para las provincias de la Patagonia en particular, la pregunta surge de inmediato: ¿qué impacto tendrá la aventura de Trump sobre la explotación y el comercio del crudo?
Un dato a tener en cuenta es que Venezuela posee, probablemente, la mayor reserva de petróleo del mundo. Esa condición surge de estudios técnicos, geológicos y de ingeniería que ubican al país bolivariano como un actor central en el mapa energético global. Se trata de reservas que, en términos comparativos mundiales, presentan costos de extracción bajos y requerimientos de infraestructura más simples que los de otras cuencas, como por ejemplo Vaca Muerta. Esa combinación es la razón por la que este país siempre fue un actor importante en el mundo de la industria petrolera.
EL IMPACTO EN VACA MUERTA
Desde el plano energético y económico, Juan José Carbajales, abogado y politólogo especialista en energía y políticas públicas, ex subsecretario de Hidrocarburos de la Nación (2019‑2020) y titular de la consultora Paspartú, aportó su lectura centrada en los efectos directos e indirectos que el conflicto puede generar en países productores como Argentina. “No es un impacto automático ni directo”, explicó.
Para el especialista el conflicto “introdujo ruido en los mercados”, pero no alteró los planes estructurales del sector. Además, destacó que los grandes proyectos de infraestructura funcionan como un ancla, y la ampliación de oleoductos, el desarrollo del Vaca Muerta Oil Sur y los compromisos de exportación son “infraestructura que ya está hecha o en ejecución, y eso condiciona las decisiones”. También remarcó que los proyectos de gas natural licuado (GNL) siguen en curso, con horizontes que van más allá de la situación mundial del momento.
Entre las señales positivas, destacó que “YPF anunció para este año 6.000 millones de dólares de inversión” y que “el 90% va a Vaca Muerta”. También señaló que la infraestructura que ya existe en la industria hidrocarburífera de la región obliga a sostener niveles mínimos de producción.
Carbajales señaló que, desde una mirada estrictamente cuantitativa, “no se entiende hacer una operación militar” para un país que hoy produce alrededor de 950 mil o un millón de barriles diarios, una cifra marginal frente a los cerca de 100 millones de barriles que se producen a nivel global. En ese sentido, aclaró que el objetivo no es mover el precio internacional ni alterar el balance mundial de oferta y demanda, sino avanzar en una reconfiguración geopolítica de mayor alcance.
El analista recordó que Trump fue tajante en su anuncio inicial al afirmar que Estados Unidos, no una empresa privada, se quedará con un cargamento de crudo almacenado en Venezuela, estimado entre 30 y 50 millones de barriles. Ese petróleo, según explicó el presidente, sería adquirido a precio de mercado y administrado bajo control estatal, tras haber instruido al secretario de Energía para llevar adelante la operación.
Así lo anunció el presidente norteamericano en sus redes sociales:
Sin embargo, Carbajales advirtió que el verdadero llamado de atención fue cuando el propio secretario de Energía estadounidense amplió el alcance de la medida y sostuvo que no se trataba sólo de ese cargamento puntual, sino de toda la producción venezolana. Para el consultor, allí está lo más significativo: no serían compañías privadas las que administrarían el crudo, sino directamente el Estado estadounidense, una modalidad poco habitual en un país que no cuenta con empresas públicas energéticas al estilo de las que existen en América Latina, Europa u Oriente Medio.
A esto sumó un dato clave: “Hace días que no salen cargamentos para Asia, para China”. Hasta antes de la intervención, recordó, “dos terceras partes de la producción venezolana iba al gigante asiático” y otra parte a Rusia. En paralelo, vinculó la intervención con una serie de movimientos recientes en el comercio marítimo. “Esto va de la mano con la incautación de un buque en altamar que cambió de bandera y tenía bandera rusa”, explicó.
Carbajales señaló que Chevron fue la única empresa estadounidense que continuó operando en Venezuela durante los años de sanciones. “Había petróleo no accesible que ahora se liberó, pero exclusivamente para ir a Estados Unidos”, explicó.
Simultáneamente, mencionó el crecimiento de Guyana como nuevo actor energético, impulsado por inversiones de ExxonMobil. Según indicó, la desactivación del conflicto con Venezuela por el Esequibo minimizó la hipótesis de conflicto y fortaleció la previsibilidad para los proyectos en ese país.
En ese escenario, planteó que el impacto indirecto podría darse en otros países de la región. “Un efecto que puede tener esto es que suba la producción no de Venezuela, sino de Guyana”, explicó, al señalar que el conflicto territorial con el país manejado por el chavismo había funcionado como freno para las inversiones. Con ese riesgo disipado, Guyana aparece como un destino más previsible para el capital energético.
En términos de inversiones, puntualizó que “para estos negocios se requiere, entre otras cosas, seguridad jurídica”, una condición que hoy Venezuela no ofrece. “Se necesitan concesiones, contratos de largo plazo, y estamos lejos de que eso esté instalado”. En una comparación entre la cuenca de Vaca Muerta con Venezuela, en cuanto a lo que se puede extraer de ambas reservas, el especialista explicó las diferencias técnicas para la extracción y el estado en el que el crudo se encuentra bajo la corteza terrestre. “En la Cuenca del Orinoco se perfora alrededor de mil metros”, afirmó, pero aclaró que el crudo es extrapesado y con alto contenido de azufre. “Hay que mezclarlo con otros petróleos más livianos”, explicó, y recordó que parte de ese procesamiento se realiza fuera de Venezuela, en refinerías específicas de Estados Unidos. De ahí el aprovechamiento de Chevron como empresa única y principal de la industria. Lo más similar al crudo venezolano que podemos encontrar en nuestro país es lo que se extrae en la zona de la Cuenca del golfo San Jorge, caracterizada por su metodología de explotación convencional y un crudo mucho más pesado que el que se encuentra en Vaca Muerta.
La clasificación de petróleo no convencional de Vaca Muerta presenta mayores costos de perforación. “Se perforan tres mil metros”, explicó Carbajales, “pero el crudo no requiere el mismo nivel de tratamiento posterior”. Es ahí donde el especialista aclara que Venezuela y Argentina “no compiten directamente por tipo de petróleo, compiten por inversiones”. Respecto del precio del crudo, indicó que “el precio futuro está bajo”, en torno a los U$D60, y recordó que “el break even (o umbral de rentabilidad) es U$D45, pero es para Vaca Muerta, que es lo más competitivo que tenemos”. Aclaró que con ese precio se puede seguir produciendo, pero “no vas a tener el mismo nivel de inversión que el actual”. Un dato que hizo que el precio mundial no fluctúe a nivel mundial fue el de que Estados Unidos comentó que lo obtenido de la intervención será “vendido a precio de mercado bajo supervisión de Washington”.
Los presupuestos, explicó, “estaban hechos a U$D80, después se ajustaron a U$D70 y hoy estás en U$D60”. Si la tendencia continúa, advirtió que “el cash flow no es el mismo”. De todas maneras, advirtió que en caso de que exista una baja notoria en cuanto a precio de crudo mundial, esto puede ralentizar el ritmo de inversión en nuestra región. Esa ralentización no implicaría una retirada de proyectos sino ajustes operativos. “Se ve más en la cantidad de fracturas, en el ritmo de conexión de pozos. No es que se bajan proyectos, sino que se ajusta el timing”, analizó el especialista. En ese sentido, remarcó que las inversiones ya anunciadas, en particular las de YPF, “no se ven afectadas”. Sin embargo, alertó que “uno de los activos que Argentina mostraba era que esta era una zona de paz, y tener por primera vez una invasión de una potencia en Sudamérica no termina siendo una buena noticia” para un país que busca posicionarse como proveedor confiable de gas y petróleo.
Finalmente, Carbajales dio su parecer acerca del comportamiento de Trump al describir el liderazgo estadounidense: “No se rige por reglas. Combina poder militar con decisiones imprevisibles y proyecta incertidumbre sobre toda la región. Tal vez lo peor es que detrás de este cisne negro vengan otros. Todo eso genera grandes incertidumbres”.
UNA INTERVENCIÓN IMPENSADA
Para la colaboradora del Observatorio de Política Internacional del Centro de Estudios Estratégicos de Relaciones Internacionales (OPI-CEERI), Eugenia Zecca, la intromisión estadounidense no constituye una anomalía histórica, sino una continuidad. “No es la primera vez que pasa esto”, explicó en una entrevista con LA TECLA PATAGONIA. “Ya había pasado antes: Irak, Libia, Afganistán, Irán. También se puede considerar Vietnam y algunas intervenciones cerca de África”.
Zecca subrayó que esas acciones adoptaron distintas formas según el momento histórico y el clima internacional. “Pueden ser mediante intervención directa, como lo vimos ahora, que son bombardeos y un acercamiento militar directo. O indirectamente, como el Plan Cóndor en América Latina”
En los 70 uno de los mayores impactos del Plan Cóndor se dio en Chile, con la extracción del cobre, y para Zecca es un ejemplo comparable con lo que sucede en Venezuela. Explicó que el trasfondo no fue solamente ideológico sino también económico. “Se buscó conseguir el cobre, porque en ese momento se utilizaba ese material para la creación de armamento”. A diferencia de aquellas experiencias, la intervención en Venezuela presenta una particularidad política que, según la especialista, resulta central: “Lo que llama la atención es la figura presidencialista que se está viendo, donde Donald Trump va a intentar tener un liderazgo y que se sepa que fue él”. En gobiernos anteriores, incluso cuando la responsabilidad estadounidense era evidente, “se trataba de mantener un perfil un poco más bajo”.
Ese cambio de actitud se vincula, según la Zecca, con un escenario internacional distinto. “Quedó obsoleta la toma de decisiones de la ONU y las sanciones que estos pueden impulsar desde el conflicto de Gaza”, afirmó. En ese contexto, interpretó la ofensiva sobre Venezuela como una prueba de fuerza: “Se está haciendo un experimento, básicamente, de hasta dónde pueden llegar las capacidades militares sin consecuencias obvias”.
Uno de los elementos más llamativos del operativo fue la ausencia de una figura política alternativa claramente instalada tras el desplazamiento de Maduro. “Es la primera vez que se puede decir que se saca el presidente y que no se deja un representante fijo que maneja el país”, remarcó. En intervenciones anteriores, comentó, “siempre existió algún tipo de autoridad transicional. Esta vez, no”.
Para Zecca, esa ausencia no es casual. “Lo interesante es el negociado que hay atrás”, sostuvo. “Se está hablando básicamente de que queda el mismo sistema siempre y cuando permitan la compra y venta de petróleo a Estados Unidos”, apuntó. A su vez, fundamentó esta visión al recordar que “el mismo día que fue la invasión se estaban haciendo negociaciones de petróleo con China”.
Lo temido, según su mirada con respecto a lo que dijo el primer mandatario estadounidense, es que discursivamente excede al territorio venezolano. En la misma conferencia de prensa en la que se dieron detalles de la intervención, Donald Trump dijo “que se prepare el resto de América Latina”, y mencionó puntualmente los casos de (Gustavo) Petro en Colombia y de (Claudia) Sheinbaum en México. Una lógica que, explicó, se inscribe en una tradición histórica de “la política del garrote y la Doctrina Monroe”.
Zecca fue categórica al sacar de los objetivos norteamericanos el “restaurar la democracia” en el territorio. “En la política no existe la bondad porque sí. Siempre hay un interés en la ayuda que se brinda”, subrayó. Dijo que “es específicamente por el petróleo, pero siempre que hay una asociación, una ayuda, un algo, es por intereses mayores”. Y concluyó con una mirada sobre el rol autoasignado del país del norte: “Estados Unidos, desde su concepción, tiene una misión mesiánica. Modernizar el mundo, exportar la democracia, aunque se trata de la democracia entre muchas comillas, en lo que ellos consideran democracia”.