Quentin Tarantino, uno de los cineastas más influyentes de las últimas décadas, abrió su corazón como pocas veces y relató una de las etapas más oscuras de su juventud durante una entrevista internacional.
El director recordó con crudeza cómo, se sumió en una crisis personal que lo llevó a cuestionar todo lo que había hecho hasta entonces.
“Desperdicié mi vida saliendo con un montón de tipos. Y todos desaparecen en cierto momento de la vida”, confesó Tarantino. Aquella revelación desencadenó lo que él mismo describió como un “festival de odio a Quentin”: noches en vela en las que, sin excusas ni autoengaños, diseccionaba cada error, cada oportunidad perdida y cada hábito destructivo.
“Me quedaba despierto toda la noche pensando en todo lo que hacía mal”, explicó el realizador de Pulp Fiction y Reservoir Dogs.
Sin embargo, lejos de hundirse en la autocompasión, Tarantino encontró en esa autocrítica brutal una chispa de cambio: “Si estos chicos pueden hacerlo, yo también puedo. Porque no eran demasiado especiales”.
Hoy, con una filmografía que marcó época y una décima película en el horizonte (que insiste en que será la última), el director mira hacia atrás y ve en aquella crisis el verdadero comienzo de su historia de éxito.
Un recordatorio de que, a veces, el mayor obstáculo no está afuera, sino en las noches de insomnio que uno mismo se impone para dejar de ser quien era.