El Nokia 1100 vuelve al centro de la escena, aunque no con ese nombre. En 2026, HMD Global lanzó el Nokia 300 Charge, un teléfono básico que retoma la fórmula que en 2003 convirtió al 1100 en un fenómeno: durar mucho, resistir y no ofrecer más que lo esencial. Aquél aparato se transformó en el celular más vendido de todos los tiempos, con 250 millones de unidades. No tenía cámara, ni internet, ni redes sociales. Servía para llamar, mandar mensajes, usar la alarma, la calculadora y jugar al Snake. La carcasa antideslizante bancaba golpes y caídas, el teclado era simple y la batería aguantaba varios días.
A unos 100 dólares, fue el primer teléfono de millones de personas en África, Asia y América Latina. En 2005, la unidad mil millones vendida por Nokia fue, precisamente, un 1100 comprado en Nigeria. Dejó de fabricarse en 2010 y hoy se consigue como pieza de colección.
Ahora, el Nokia 300 Charge copia esa lógica y la actualiza. Trae una batería extraíble de 3.700 mAh, la más grande que HMD puso en un equipo básico, y, según la compañía, supera los 40 días en espera con una sola carga. También incorpora radio FM por el jack de 3,5 milímetros, sin antena externa, y una linterna LED que la marca describe como cuatro veces más potente que la del Nokia 105 de 2023. El resto es deliberadamente limitado pues trae pantalla de 2,4 pulgadas (320 x 240), procesador Unisoc SC6531E, 4 MB de RAM y 4 MB de memoria interna, ampliable a 32 GB con microSD. No navega, no corre aplicaciones y no apunta a cámaras de alta resolución. Solo opera en 2G (GSM 900/1800), así que depende de redes que todavía existan.
La diferencia más visible respecto del 1100 original está en la carga. En lugar del conector propietario de aquella época, el 300 Charge usa USB-C y puede funcionar como power bank de 10 vatios. Un botón físico en el costado derecho activa esa función, sin entrar a menús.